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Gran reserva: el Valbusenda Hotel Resort Spa

Entre Zamora y Toro se esconde una de las direcciones mejor guardadas por los viajeros vip: Valbusenda Hotel Resort Spa, un alojamiento exclusivo rodeado de viñedos. Acércate: el trato exquisito, un interiorismo impecable y el silencio harán que tu reserva sea, de verdad, grande.

Nuevo Estilo 28/06/2013
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VALBUSENDA HOTEL RESORT SPA
 Tel.: (+34) 980 699 573

UN HOTEL AL MARGEN DEL TIEMPO
DIRECCIÓN: Ctra. de Toro-Peleagonzalo, s/n 49800 Toro (Zamora). Tel.: (+34) 980 699 573. www.valbusenda.com
HABITACIONES: 35 habitaciones exclusivas que hacen honor a su categoría de cinco estrellas.
PROGRAMA SPA: En 1.100 m², el más moderno de los circuitos con una gran carta de masajes. ¿Lo mejor? Los viñedos desde el agua.
PLUS: Los detalles llegan ¡hasta el cambio de sábanas tras la siesta!
PRECIO: Entre 185 y 360 € la hab. doble, con desayuno, spa, parking, prensa diaria, minibar, frutas y agua en el spa...
SEIS PUNTOS IN HEAVEN
1. El silencio, ese bien tan escaso hoy, aquí se derrocha. Disfrútalo.
2. De auténtico mimo: suave música de jazz, fados... en todas las estancias. Y un adorable olor de velas que transforma el ambiente en especial.
3. Los tratamientos con vino del spa, masajes y baños relax... Sublimes.
4. El desayuno, sin hora. Olvida el reloj para el chek in o el chek out, el spa o la restauración. El tiempo, sólo para ti.
5. Te recogen en helicóptero desde el aeropuerto de llegada, si lo deseas.
6. La atención del director, Raúl Huerga, que personaliza el trato a cada uno de los huéspedes.  

Es una sorpresa inesperada y -aún- secreta. En la llanura zamorana, rodeado de campos casi zen y flanqueado por las bodegas que llevan el mismo nombre, surge un edificio impecable e insólito por cuanto parece trasladado de uno de los más actuales tratados de arquitectura. Su artífice, el arquitecto Leocadio Peláez, ha impregnado sus líneas rectas y la solidez de la piedra local con el fondo del carácter castellano: auténtico y callado.

El interior resulta impecable en su voluntad de acogida, con colores neutros y muy serenos. La luz del paisaje en paredes y textiles –formidables las cortinas de lino de La Volière– y un pavimento a base de tacos de roble acentúan el sentimiento del campo más refinado. Se agradece la ausencia de cuadros, dejando al huésped en el relax natural de los panelados en madera clara y el elegante gris/marrón/malva de las gruesas alfombras, envuelto en una domótica tan discreta como eficaz. El proyecto de interiorismo lo firma el arquitecto Jaime Beriestain con el gran acierto de incluir las vistas a los viñedos y al río Duero dentro de las condiciones indispensables para el afortunado huésped.  



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