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El jardín de Pilar de Arístegui

Esta escritora, pintora y viajera por oficio –su vida está ligada a la Diplomacia–, nos muestra aquí su más preciado refugio: el jardín con más 250 variedades de rosas que estimula su creatividad.

Nuevo Estilo 28/06/2013
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LO MEJOR EN ROSAS
● Productores. En Valencia y Sevilla, Rosales Ferrer. En Francia, Meilland. En Italia, Barni; y David Austin en Gran Bretaña.
 Libros de referencia: Jardines de España, de la marquesa de Casa Valdés, es un clásico por algo. Il vero giardiniere, non si arrende, de Paolo Pejrone, poesía y humor ante el clima.
Ese jardín único. El de Umberta Patrizi, en Roma. Es sublime la cascada de rosas que cae de uno de sus muros. (Previa cita: castelgiuliano@edl.it)  

También 90 variedades de peonías, de España, Japón, China, EE UU, Italia, Gran Bretaña..., forman parte del jardín, además de numerosos arbustos, árboles y plantas medicinales. Este escenario verde es el inspirador estudio de pintura donde Pilar de Arístegui encuentra los modelos perfectos para sus acuarelas florales.

Su interés por la botánica le viene de su abuela materna y del recuerdo del Aristegui Gaste, en Fuenterrabía, de cuyos camelios, su padre, diplomático en Oslo, se hacía llevar flores protegidas entre hojas de lechuga húmeda. Este jardín, próximo a Madrid, lo inició en 1992: «Aunque he realizado jardines en cada casa donde he vivido, este nació con vocación de permanencia, al estar ya asentada aquí.Partió de un proyecto paisajístico, y con una idea inicial en la cabeza, «pero el comportamiento de las diferentes plantas y su adaptación a la meseta castellana va cambiando el diseño original. Unas especies resultan más fuertes que otras; algunas mudan de color...». 

Sin duda, las rosas son una pasión y es una experta conocedora. Entre las variedades, prefiere las antiguas: gálicas, damascenas, muscosas, chinensis, alba, botánica y, sobre todo, las sarmentosas: «Qué breve floración, pero, ¡qué esplendor!». También nos da un secreto para potenciarlas: «Hay dos plantas estrella para combinar con ellas. Una son los cipreses, por su color oscuro y su soporte magnífico para las rosas trepadoras. La otra, el Rhynchospermum jasminoides, para un jardín de invierno: además su aroma a jazmín resulta maravilloso.



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