desplegar menu NuevoEstilo
Buscador
mostrar/ocultar

Berkshire, Inglaterra

Hotel Cliveden House

Este lujoso cinco estrellas -antaño propiedad de la realeza británica- tiene una historia jugosa y sórdida.

Keith Flanagan. Fotos: Cliveden House 02/10/2017
Imprimir
Pantalla completa
Twitter
Facebook
Pinterest



A menos de una hora de Londres en la campiña del condado de Berkshire, se encuentra Cliveden House, una finca con 350 años de antigüedad y con todas las comodidades que cabe esperar de un hotel de cinco estrellas de la cadena Relais & Châteaux. Los jardines están perfectamente cuidados, las habitaciones decoradas con antigüedades y obras de arte originales. Pero que no te engañen las sábanas recién planchadas, Cliveden House esconde mucha "ropa sucia".

Historias que no te imaginarías viendo el entorno. Más de 152 hectáreas rodean la mansión con vistas al río Támesis. En el restaurante (dirigido por el chef André Garrett con estrellas Michelin) verás parejas celebrando su aniversario. Y no es raro encontrarse con los pétalos de una de las numerosas bodas que se celebran en el hotel (es tan buscado para bodas que la lista de espera es de años). El hotel parece estar hecho para el romance, una tradición que viene de un escándalo que se remonta a siglos atrás.

Cliveden House fue concebida por el 2do duque de Buckingham, que había proyectado la casa como monumento a su amante Anna Maria, condesa de Shrewsbury, en el último siglo XVII. Ambos estaban casados en ese entonces, pero el duque se enamoró apasionadamente de Anna Maria. Imaginaba Cliveden House como su eden privado, lejos de su esposa, donde podrían amarse sin esconderse, cazar en su extensa campiña y disfrutar con sus invitados.

Solo había un problema, la falta de discreción de Buckingham. Cuando se supo del affair entre ambos, el marido de Anna Maria, Lord Shrewsberry, desafió a Buckingham a duelo. Shrewsberry perdió. Herido en el pecho, murió a los pocos meses.

Buckingham pudo haberse quedado con el botín, pero pedió el favor del rey, y fue requerido por la ley para que se separara de la condesa antes de que pudiera poner el primer ladrillo de Cliveden.

A pesar de haber perdido a su musa, Buckingham optó por seguir adelante con la construcción de la casa. Todavía estaba inacabada cuando murió en 1687. Tras la muerte de Buckingham, la mansión permaneció vacía durante casi una década antes de ser comprada por otro aristócrata británico.

Pero para Cliveden House aun no habñian terminado las tragedias. Se convirtió en la residencia de campo de Fredrick, Príncipe de Gales (hijo del rey Jorge II y heredero). Fredrick nunca llegó a ser rey, una fiebre en 1751 le ocasionó la muerte en pocas semanas, dejando el trono al rey Jorge III, su hermano. La temprana muerte del príncipe no se libró de los cotilleos reales: Algunos relatos sugieren que murió de una herida no cicatrizada tras haber sido golpeado con una pelota de cricket años antes en Cliveden.

Más de medio siglo después, en 1795, como si estuviera maldita, la casa principal ardió casi enteramente. Y otra vez, 50 años después de su reconstrucción, se quemó por segunda vez y tardó en recuperarse más de una década. Cliveden House seguía teniendo fama, y no de las mejores: La reina Victoria viajaba en barco desde el castillo de Windsor a menudo a tomar té; mientras que William Gladstone, que sirvió como primer ministro de Gran Bretaña en cuatro legislaturas separadas, era un invitado bien recibido antes y después de su ascenso político.

Cliveden House floreció realmente en 1893 a manos de William Waldorf Astor, el hombre más rico de América en ese momento. Al comprar la propiedad, William le dio esplendor a la finca, construyendo jardines y laberintos, y decorando la enorme finca con esculturas y fuentes. Compró el comedor del siglo XVIII de Madame de Pompadour -la amante de Louis XV- de su castillo parisino, e instaló los lujosos paneles y las doradas sillas. Cliveden fue el regalo de bodas de William a su hijo y nuera, Waldorf y Nancy, quienes a su vez modernizaron la mansión. A lo largo de la Primera y Segunda Guerras Mundial, el edificio albergó hospitales.

Más tarde se convirtió en centro de fiestas y socialites... y más cotilleos de la high-class. Si Bill Astor, que heredó Cliveden de su madre, Nancy, no hubiera instalado la piscina al aire libre en 1961, el lugar de Cliveden en la historia sería muy diferente.

Una noche, mientras celebraba una cena, Bill Astor quiso enseñar a sus invitados una estatua que había instalado cerca de la piscina. Cuando llegaron, se sorprendieron con una mujer desnuda nadando en ella. Christine Keeler -una actriz de 19 años de edad, del Soho, que supuestamente se dedicaba a la prostitución- se estaba quedado en una cercana casa de campo con un amigo, y los dos se habían colado en la piscina para darse un chapuzón. Uno de los compañeros de Astor, John Profumo, secretario de Guerra británico y casado, se quedó prendado de Keeler. En un episodio que él negó más adelante en corte, Profumo mantuvo un affair con la actriz. Y eso no fue todo. Profumo tuvo varias aventuras amorosas más, incluyendo una con una espía rusa, que al final salió a la luz con todo lujo de detalles.

Las noticias del incidente "mancharon" la reputación del gobierno. Ya en decadencia, aumentó la desconfianza hacia el gobierno conservador y su primer ministro, Harold Macmillan, que renunció poco después. Junto con otros escándalos, dejó un liderazgo empañado y contribuyó a la toma de posesión de los laboristas un año después.

La vergüenza cayó sobre los Astors, que fueron arrastrados por la ráfaga de titulares del entonces conocido como el "Profumo Affair". Sin estar involucrados, les salpicó el asunto. Bill fue interrogado por la policía, acusado de adulterio e incluso investigado por dirigir un burdel.

"La reacción de sus amigos sólo empeoró su situación: en Royal Ascot en junio de 1963, fue reducido a paria social, rechazado y condenado al ostracismo por la misma gente que, dos años antes, había alabado su hospitalidad", escribe la autora Natalie Livingstone en The Mistresses of Cliveden, un bestseller de Sunday Times que narraba la sórdida historia de la casa. (Es un tema que ella conoce de cerca: su marido, el multimillonario Ian Livingstone, actualmente tiene la propiedad de Cliveden).

Habiendo donado la propiedad hace casi dos décadas al National Trust (una organización centenaria que preserva y abre lugares históricos al público) con la condición de que la familia Astor pudiera residir ella, aunque se fueron pocos años después del escándalo.

Desde la década de 1980, Cliveden House ha funcionado como un hotel de lujo. Una renovación de varios millones de dólares hace tres años hizo que la finca brillara de nuevo, pero su historia está lejos de ser olvidada. Sus 38 habitaciones, de hecho, son vivos recuerdos de los antiguos invitados, cada una nombrado y decorada con el estilo de los visitantes estrella de Cliveden. (El hotel ha acogido a todos los monarcas británicos desde George I, además de Winston Churchill, el presidente Roosevelt y Charlie Chaplin).

El cottage de tres dormitorios, donde se alojó Christine Keeler, es ahora, irónicamente, una de las habitaciones más codiciadas del hotel. Una renovación del spa ha finalizado recientemente, y la infame piscina climatizada se ha abierto una vez más, dando a los huéspedes la oportunidad de mojarde los dedos de los pies (literalmente) en la húmeda historia de Cliveden. 

Vía Town and Country.



Comentarios

Publicidad


Ver más articulos