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El enigma de la servilleta

Beatriz Satrústegui nos cuenta la divertida historia de la servilleta. Desvelamos dónde se coloca este invento egipcio que fue recuperado por Leonardo da Vinci.

Beatriz Satrústegui 30/05/2018
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Les buveurs de vin, 1730, Jacques Autreau

Les buveurs de vin, 1730, Jacques Autreau.


Hay que recibir el toro a puerta gayola. Vayamos directamente al grano. A las grandes incógnitas de nuestro tiempo, a las preguntas que tienen en vilo a la humanidad. ¿Hay vida en Marte, sí o no? ¿Big Bang o Jardín del Edén? ¿Resurrección o reencarnación? Servilletas: ¿izquierda o derecha? Hete aquí un asunto de grandísimo calado, un debate descarnado que levanta pasiones, la gran dicotomía que divide el mundo en dos: la colocación de la servilleta a la derecha o a la izquierda del plato.

Existen dos escuelas de pensamiento. En España triunfan en número los partidarios de la diestra –tanto en las urnas como en las servilletas–, pero los números no les dan necesariamente la razón. Vencen, pero no convencen a los partidarios del ala izquierdosa.Y luego están los pusilánimes del centro, que la colocan encima del plato y que no se decantan ni por un lado ni por el otro. Son el relativismo moral de la servilleta.

Y todo esto no es materia de una relajada tertulia, no. Si creíais que la Guerra Civil terminó en el 39, estáis equivocados: otra contienda civil se vive en los comedores españoles y enfrenta en Instagram a feroces señoras de ambos bandos. Lo cierto es que tanto la posición a la derecha como a la izquierda, o en el centro –encima del plato, no debajo colgando a modo de bata de cola–, son igualmente correctas. Las dos opciones tienen su explicación. La servilleta a la izquierda es a la francesa y a la derecha, a la inglesa. Y que cada uno la ponga donde quiera. Llegado este momento, como si la cuelgan de la lámpara y el invitado la alcanza al modo piñata. Pero, si se tiene interés en el buen gusto, por favor, por favor, abstenerse de papiroflexias servilleteras. Nada de cisnes en el plato ni, ¡oh, cielos!, palmeras dentro del vaso o la copa. Bien limpia, dobladita y bien planchada. Eso es todo lo que se requiere.

Se dice que la servilleta es un invento egipcio. Los faraones no tenían inconveniente en casarse entre hermanos, pero luego, para lo de limpiarse la boca al comer, eran muy tiquismiquis. En la antigua Roma existía, pero llegaron los bárbaros y desapareció hasta que Leonardo da Vinci, a quien tanto debemos, tomó cartas en el asunto. Pocos saben que Leonardo fue "mayordomo jefe" en la corte de Ludovico Sforza, duque de Milán, y que, además de un libro de recetas, escribió un pequeño tratado de buenas maneras y –lo más importante– reintrodujo la servilleta, asqueado de ver cómo los invitados del señor duque se limpiaban las manos en el lomo de los conejos que era costumbre atar a las sillas para tal menester.

Entre las recomendaciones del genial da Vinci se encuentra el «no dejar comida medio masticada en el plato del vecino», «no comer con la cabeza dentro del plato» y «retirarse de la mesa para proceder a orinar». Los banquetes de Ludovico, por lo que se ve, eran de un refinamiento extremo. Así que Leonardo pone un poco de orden, devuelve los conejos al campo y las servilletas a la mesa, y pinta un cuadro de La última cena en la que los comensales se sientan en fila sin tener a nadie delante. Siempre me pareció rara la colocación tipo barra de bar, hasta que tras leer Cosas que no se deben hacer a la mesa de mi señor Ludovico, comprendí la enorme sabiduría de no tener que observar al comensal de enfrente.

Beatriz Satrústegui es la impulsora de la tienda online Société de la Table, especializada en menaje y decoración de mesas.
www.societedelatable.com


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