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Titanes del tedio

Descubre en este sarcástico artículo si eres un comensal ameno o pecas de pelma.

Beatriz Satrústegui 25/07/2018
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Titanes del tedio

Los españoles somos un pueblo tolerante. Estamos acostumbrados a convivir en relativa paz con gente de todo tipo de razas, religiones y estados de higiene personal. Históricamente nos hemos adaptado a todos y a todo. Solo hay una cosa que el español no perdona: ser un pelma. En España uno puede ser estafador, traficante de armas, psicópata de oficina, maltratador de gatos, dictador en el exilio o cazador furtivo. Nada de lo anterior reducirá en lo más mínimo tu aceptación social. En un programa televisivo llegué a escuchar a la mujer de un exembajador en Irak describir a Sadam Hussein, sátrapa genocida, como «un señor encantador». Matar kurdos se pasa por alto, pero ¿ser un pelma? No, eso es un crimen sin perdón que conlleva ostracismo social y aislamiento preventivo.

Pelmazos en la historia ha habido muchos. Helena de Troya. Monísima, pero un tostón de tía. Plutarco: otro plasta de libro. Dostoievski: por si tuviéramos dudas escribió Crimen y castigo, y se nos disiparon todas de golpe. Fidel Castro y sus discursos de seis horas (y un segundo teniente de alcalde de Ojén que le hacía la competencia). John Major. Dormía a las ovejas. Y mi “prefe”: el cardenal Rouco Varela. Los feligreses entraban en la Almudena con la butterfly pillow debajo del brazo.

Los plastas han existido siempre, pero ahora proliferan alimentados por las redes sociales, donde cualquiera puede hacerse el graciosillo sin que nadie le corrija y colgar fotos de gatitos sin castigo aparente. Todo este diario entrenamiento en el tedio sale a la luz en la cena estival. Ahí el plasta es feliz, porque tiene acorraladas no a una, sino a dos posibles víctimas, indefensas, atrapadas entre una silla y un plato, expuestas a las más terribles crueldades auditivas.

Dicen que los chinos son un pueblo cruel. De torturas lentas con gotas de agua y demás. Pero ni el chino más malvado te sentaría dos horas al lado de mi tío Florencio (nombre cambiado). Florencio es un titán del tedio. Es un plasta con pedigrí: hijo y nieto de plastas. Tercera generación. Y el colega lo ha perfeccionado. Su mote es el "antidisturbios", porque según aparece se disuelve cualquier reunión social. Si hubieran tenido a Florencio en la Primavera Árabe, otro gallo nos hubiera cantado.
Florencio es, además, de los de doble titulación: reúne la condición de aburrido y pesado a la vez. Porque hay aburridos calladitos, incluso aburridos inconstantes de los que aburren un rato y luego se cansan, pero el tío Florencio no.

Los ingleses dicen que cuando te invitan a cenar, you have to sing for your dinner, lo que quiere decir que has de "pagar" tu invitación siendo lo más entretenido que puedas. Estoy de acuerdo. Nada de hacerse el bicho bola en una esquina. Nada de silencios misteriosos. Salvo que seas Paul Newman, nada de miradas melancólicas al infinito cual oscuro héroe vampírico de adolescentes. Se simpático, por favor. Sonríe, interésate por el de al lado. Si eres entretenido, habla. Si tienes dudas, mejor escucha.

Henry Kissinger dijo una vez que una ventaja de ser famoso es que cuando aburres a los demás, ellos creen que es culpa suya. Hasta que seas más famoso que la reina de Inglaterra, recomendamos elimines de tu repertorio todo aquello de cuya irrelevancia sospeches. El consumo medio de tu vehículo, las vicisitudes del servicio doméstico, las proezas extracurriculares de tu churumbel, qué detergente lava más blanco o la narración, golpe a golpe, de tus 18 hoyos de golf.

Las trampas son muchas y agosto un mes lleno de ellas. Queridos veraneantes: alea jacta est.

Beatriz Satrústegui es la impulsora de la tienda online Société de la Table, especializada en menaje y decoración de mesas. www.societedelatable.com


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