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El pequeño paraíso de Brunello Cucinelli

En el centro de Italia se levanta de sus ruinas Solomeo, la villa restaurada por uno de los últimos mecenas, el empresario textil Brunello Cucinelli. Es su utopía humanista.

Concha Pizarro 04/01/2019
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Para viajar a la región italiana de Umbría se necesitan pocas excusas: es la cuna de San Francisco de Asís –imprescindible visitar su ciudad natal, construida en piedra rosa–; sus pueblos fortificados parecen sacados de un cuento; el paisaje es ondulado y verde; la preciosa ciudad de Perugia deja sin aliento por su casco histórico (no solo por sus cuestas); y desde hace poco cuenta con una nueva atracción, Villa Solomeo. Aquí es donde Brunello Cucinelli empezó su aventura empresarial –es el pueblo natal de su mujer, Federica– y ahora es la sede de una marca de moda de lujo que ha convertido el cachemir en su seña de identidad y cotiza en Bolsa.

Solomeo ha pasado de ser un pueblo prácticamente abandonado a recuperar su vida y su esplendor renacentista gracias al principio de capitalismo humanista que abandera Cucinelli: «Mi sueño ha sido siempre trabajar por la dignidad moral y económica del ser humano, por eso imaginé una compañía con beneficios conseguidos con ética y respeto», explica. Con estos beneficios, y mucho esfuerzo y tiempo, ha invertido más de tres décadas en convertir este burgo medieval y sus alrededores en un lugar vivo, considerado con el ser humano y con la naturaleza, «una aldea del espíritu».

Comenzó en 1985 con la compra del castillo de Solomeo (s.XIV) para rehabilitarlo; ahora acoge parte de las oficinas de la firma. Siguió con la iglesia de San Bartolomé –de la que arregló los frescos, la nave, el órgano y la fachada, del s. XII– y después con el centro medieval, la Villa Antinori, la muralla… «Hemos sido más restauradores que constructores», comenta. Solo el teatro, con un aforo para 240 personas, es de nueva planta. Este es uno de los cinco monumentos que simbolizan los valores estéticos y la humanidad de su Proyecto para la Belleza (como él mismo llama a su obra). Los cuatro restantes son el bosque de la espiritualidad, la iglesia, la bodega –que este año tendrá su primera vendimia– y el monumento a la Dignidad del Hombre.

Cucinelli es ejemplo de cómo aunar rendimiento económico con crecimiento sostenible, comportamiento ético hacia los empleados y un balance entre beneficios y lo que se devuelve a la sociedad. Las cifras así lo indican: una plantilla de más de 1.400 trabajadores; instalaciones que conviven con la naturaleza, provistas de amplios ventanales que permiten gozar del paisaje y descansar la vista mientras se confeccionan las prendas de punto de cachemir que les han hecho famosos; más de 125 tiendas repartidas por todo el mundo; y unos ingresos que en 2017 superaron los 500 millones de €, un 10% por encima del ejercicio anterior. Sus trabajadores cobran un 20% más que la media nacional y su horario de trabajo permite conciliar la vida privada.

Actualmente, Solomeo es conocido por ser un destino para minorías selectas, como connoisseurs de pueblos con encanto, viajeros que buscan experiencias culturales, y clientes y admiradores de Brunello Cucinelli, que organiza ventas especiales en la histórica localidad. Y otro punto a favor: en el anfiteatro de la villa, rodeado de suaves colinas, se celebra en junio y julio un reputado festival de música clásica. 

DATOS DE INTERÉS
Solomeo: situada a tan solo 14 km de Perugia, sus muchos alicientes son de visita obligada.
Perugia: descubre las murallas etruscas y su delicioso casco histórico medieval. Es una ciudad ideal para los golosos (allí se celebra el Eurochocolate).
Asís: la cripta de la basílica de San Francisco alberga el sarcófago de piedra que contiene los restos del santo.

www.brunellocucinelli.com



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