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Un sitio a tu mesa

La invasión yanqui

Hitos de la cultura americana que hemos hecho (casi) tan nuestros como los buñuelos

Beatriz Satrústegui 24/10/2019
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En estos convulsos años de grandes avances tecnológicos, donde todo el mundo advierte de los riesgos de las redes sociales, es fácil olvidarse de un peligro mucho mayor que asoló el mundo occidental desde mediados del siglo pasado: la tele.

Tarde de sábado tras tarde de sábado, con astuto y perverso sigilo, la maquinaria de Hollywood penetraba en lo más profundo de la mente de generaciones enteras de niños y adolescentes españoles. Todas queríamos ser animadoras, todos querían ser capitán del equipo de ese fútbol sin portero que tenía un melón por balón. La frustración de un colegio sin taquillas en los pasillos. El vacío ontológico de una vida sin baile de fin de curso. La amarga decepción de no lucir nunca una muñequera con una orquídea. El resquemor de saber que nadie te preguntará el color de tu vestido para hacerse el fajín del esmoquin a juego. Eso marca.

Sobremesa tras sobremesa, la cultura yankee iba calando hondo. De Las Navas de Tolosa ni noticia (una amiga mía creció pensando que eran unas rosquillas, a la sazón, de Tolosa), pero pregúntame por el general Custer y te cuento hasta el color de sus calcetines. ¿Trafalgar? Trafalgar es una plaza en Londres. ¿Bailén? Bailen no tiene acento y es una película de Richard Gere y “la hielo” –que es como llaman en Andalucía a Jennifer López, la J.Lo–. Y así sucesivamente.

Llega el otoño y con él, el Día de Todos los Santos (nota a mi amiga: ahí, ahí sí que hay rosquillas), que ahora es –redoble de tambores–: Halloween, lo mismo, pero con mucho más glamour porque es americano. Y todo el mundo vaciando calabazas como si no hubiera un mañana, y los chinos (cuya conexión con la tradición es aún más tenue que la nuestra, que ya es decir) hacen su agosto vendiendo tales delicatessen en plástico y poliéster como pijamas negros de esqueleto y dientes ensangrentados de Drácula. ¡Qué puede haber más elegante!

Recién recuperados de la noche de terror, el cuarto jueves de noviembre llega Thanksgiving: la cena de Acción de Gracias. Años sin saber qué demonios celebraban, pero ansiando comer pavo con salsa de zarzamora de todas formas. Ahora sé que lo que festejan es que cuando desembarcaron del Mayflower (ese barco de capacidad infinita donde parece que cupo todo antepasado de todo norteamericano de la Costa Este), los indios del lugar los recibieron muy hospitalariamente. Celebrar eso, digo yo que será de recochineo, porque de los indios hospitalarios ya se ocuparon luego ellos de que no quedara ni medio. Que aquí se nos ocurre celebrar la hospitalidad del árabe el día de Santiago Matamoros y no tenemos calle para correr.

Sea cual sea la excusa, me dan envidia los americanos, que han encontrado una fecha y un motivo (raro, pero motivo) para sentar familia y amigos juntos a una mesa, y dar gracias por eso, por estar juntos, al menos una vez al año. Tanta envidia, que confieso que hasta me he encargado un pavo. ¿Qué plan tenéis para el 28 de noviembre?

Beatriz Satrústegui es la impulsora de la tienda online Société de la Table, especializada en menaje y decoración de mesas. www.societedelatable.com


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