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Grandes Maestros

Jaime Parladé

Intuición y buen gusto. Dos sencillos, pero poderosos atributos que han hecho de este interiorista uno de los nombres clave de la historia de la decoración española.

Nuevo Estilo 30/09/2014
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«He tenido mucha suerte». Jaime Parladé, marqués de Azpezteguía (San Sebastián, 1930), es extremadamente modesto al valorar su trabajo. Con su natural sentido estético –que él prefiere llamar buen ojo–, lleva más de 50 años creando interiores en los que ha hecho de la mezcla de piezas de diversos estilos su santo y seña. Sus más queridos proyectos dan cuerpo al cuidado volumen publicado por Ediciones El Viso, con fotografías de Ricardo Labougle y Derry Moore, y texto de Ana Domínguez Siemens.

DESPEGUE. Su trayectoria profesional comienza de forma oficial en 1958 en Marbella, donde había recalado escapando de las presiones paternas para que estudiara la carrera diplomática. En su mochila, la experiencia adquirida en el extranjero y una pasión por las antigüedades que acuña en sus años de infancia en Tánger. Tras pequeños encargos, Parladé inicia en la ciudad malagueña una decisiva colaboración con su amigo Duarte Pinto Coelho, que ya entonces es un famoso interiorista. Juntos decoraron el hotel Guadalmina –la puerta para otros importantes encargos–, ponen en marcha el hotel La Fonda –un hito de los 60– y abren La Tartana, tienda de referencia en la Costa del Sol.

SU ESTILO. En La Tartana, Jaime combina hábilmente piezas que crean ambientes vividos: muebles sin ostentaciones, de superficies usadas que lucen el shabby look que adora, loza española –una de sus debilidades–, tejidos y alfombras orientales, objetos con un punto excéntrico...

CLIENTELA SELECTA. Ha decorado las casas de los personajes de la vida social e intelectual de Marbella –en muchos casos junto a otros profesionales, como el arquitecto Richard Lincoln–, participó en la creación de Sotogrande y ha realizado proyectos para los Rothschild, las familias March y Abelló, Julio Iglesias... La comodidad de los propietarios ha sido siempre su máxima prioridad. Es proverbial también su sentido del color y una increíble maestría para colgar las obras de arte. Es el sello Parladé. No hay normas. Sólo un excepcional buen ojo.

Un reciente libro de Ediciones El Viso repasa su trayectoria.



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