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Jaime Parladé

Nos acoge en su casa de Carmona, próxima a Sevilla, donde, más que lecciones de orden, estilos o paletas de color, este genial decorador transmite la ilusión por vivir los espacios. En sus trabajos no hay normas, sólo buen gusto y mucha intuición.

Nuevo Estilo 21/08/2013
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La naturalidad con la que Jaime Parladé conversa a la hora de montar el reportaje resulta ser la misma que aplica siempre en sus espacios. Lo comprobamos en esta vivienda de campo, donde se refugia de tanto en tanto: «Vine a Carmona a reformar la casa de unos amigos y encontré esta en ruinas. Empleé materiales recuperados para la obra y le di vida con un repertorio de muebles muy variado que tenía en otra residencia. Me gusta la mezcla y me importan poco los estilos o normas. Simplemente, la combinación me tiene que entrar por los ojos». Seguro que su estancia en el Tánger multicolor de los cuarenta, cuando era niño, o la afición familiar por las antigüedades supusieron una influencia decisiva en su maestría para el mix.

Pero también Janetta, su mujer, marcó en él un estilo muy británico, aquel que mima la vida desde dentro de casa, al calor de telas, papeles o loza...

Aquí, todas las piezas que encontramos a nuestro paso atesoran alguna historia. Y no son pocas: «Me gustan los espacios vacíos, pero siempre termino por colocar eso que traje de aquí o de allá... y lleno cualquier esquina. Además, no comparto el estilo minimalista, es frío e incómodo. Hay diseños del siglo XX fabulosos, cierto, pero otros... ¡parecen la camilla del ginecólogo! No me hacen sentir bien». También los colores que le rodean en el día a día son importantes, pero él salta de una gama a otra de forma anárquica: «Y si necesito inspiración al escoger un tono, entonces me siento y hojeo libros de arte dedicados a Matisse, que es único».  

MUY PERSONAL
Rincón predilecto en esta casa... Todos son especiales, cada uno para un momento del día. Me encanta almorzar en la cocina, leer un libro junto a la chimenea o sentarme a trabajar en la antigua mesa francesa.
Un aroma especial. En esta casa, a jazmín y a albahaca al amanecer.
Objeto fetiche. Las piezas de loza.
Sus tejidos más apreciados. Los algodones y linos, los terciopelos con mucho cuerpo y, muy en especial, las telas étnicas...
La pieza que evita siempre. Sin duda, el bargueño español del Siglo de Oro.
Un tesoro. Las acuarelas de Janetta, mi mujer. Y un cuadro que nos regaló nuestro amigo Francis Bacon.  



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