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La azarosa historia del té: Esa hierba china

Cómo llegó (y cautivó) a Europa el tras su descubrimiento en Oriente.

Beatriz Satrústegui 22/02/2019
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Cuentan que lo descubrió, hace tres milenios, el emperador chino Chen Nung cuando el viento dejó caer una hoja de en su cacito de agua hirviendo. Qué hacía el señor emperador cociéndose el agua él solo, para qué quería tomarse un agüita hirviendo y cómo serían las condiciones de salubridad en su cocina para que cayeran hojas en la bebida son enigmas que nadie parece haberse planteado.

El origen del está en China. Como todo lo bueno. Porque hubo un tiempo, no tan lejano, en el que “hecho en China” era sinónimo del mayor lujo y exquisitez. Los chinos llevaban siglos bebiendo té cuando los comerciantes portugueses decidieron exportarlo a Europa, a ver qué tal se les daba. Y les fue de miedo. En la Inglaterra del siglo XVII, la obsesión por esta bebida, comercializada inicialmente como medicinal “contra cólicos y aires intestinales”, arraigó con asombroso entusiasmo. Los “bergantines del té”, las naves más rápidas en surcar los océanos, se embarcaban en apasionantes regatas a vida o muerte en una lucha sin cuartel para llegar a Londres antes que ninguno y cobrar la substanciosa prima que recibía el primero. Inglaterra consumía a dos manos todo el té que producía China, pero China nada quería de ellos. La solución al desequilibrio de la balanza comercial la encontraron pronto.Plantaron media India de amapola roja y se lanzaron a un lucrativo intercambio: opio por té y té por opio. La adicción de los ingleses al té provocó la de los chinos a algo peor. Y cuando el emperador chino quiso prohibirlo, comenzó una guerra: la guerra del opio. Causada por la obsesión inglesa por el té.

En la refinada Europa, las clases altas, ajenas al narcoimperio que las abastecía, se entregaban al ritual del té: calentar la tetera, templar las tazas, agua hirviendo primero, el tiempo exacto de reposo… todas las normas servían para demostrar el conocimiento y la sofisticación de la anfitriona que servía el costoso y exclusivo brebaje. Y ya no bastaba con la tetera (de plata, porque se usaba en público) y las cajas para té con llave (para evitar que la servidumbre “sisara” las carísimas hojas), sino que había nacido la mesa de té, el colador de té, la lata para el té, las pinzas del té, el hervidor para el té y hasta la funda para mantener calentita la tetera. Los ingleses, cuando se ponen a ello, no tienen límite.

Desde Mongolia, y a través de las llanuras siberianas, el té llega a Moscú de manos de un kan mongol, de nombre olvidado, que entregó dos puñados de hojas al zar Miguel I. La bebida caliente tuvo un enorme éxito en el gélido invierno (y los fríos otoños, primaveras y veranos) ruso. En el año1679, el gobierno imperial firma el primer contrato para el suministro de “la hierba china”. Los rusos incluso inventan uno de los implementos de menaje más bonitos que jamás se hayan creado: el samovar. En realidad, no es más que una gran tetera metálica con un infiernillo interior que mantiene el agua permanentemente caliente, pero esto no explica ni de lejos lo precioso que es. Si el té se vendía en cajitas que parecían joyeros, imaginaos qué no harían en la Madre Rusia con el ingenio con el que la hierba se convertía en bebida.

En las colonias del Nuevo Mundo protagonizó un incidente que cambió la historia: los colonos, cansados de pagar impuestos sobre el té a un imperio que les cobraba tasas pero no les daba derechos, tiran en protesta varias cajas al puerto de Boston. Era el 16 de diciembre de 1773 y esto fue el origen de la guerra de independencia americana. Detrás del muy burgués té de las cinco, pocos saben que hay un brebaje por el que se trocearon imperios, provocaron guerras y se generó un cartel de droga. La "hierbita china" las mata callando.

Beatriz Satrústegui es la impulsora de la tienda online Société de la Table, especializada en menaje y decoración de mesas. www.societedelatable.com


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