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Claves del paisajista

Felipe Díaz de Bustamante

El jardín es su vocación y su pasión, el campo. Con una actitud poética, en la que está muy presente la funcionalidad, crea espacios naturales a la medida de quienes los disfrutan. La mejor prueba, el suyo propio, con aromáticas y medicinales en la dehesa de Castilla.

"Hay que adaptar el paisajismo a nuestra jardinería rural”.

Nuevo Estilo 24/07/2014
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«Soy un jardinero amateaur que ha tenido la suerte de vivir en jardines magníficos desde niño. Mi abuela poseía en Bayona (Francia) el Bois Guilhou, el mejor parque de bambúes de Europa y a eso añado que mis primeros cinco años los pasé en Mieres. Mis recuerdos de entonces son siempre junto a los jardineros de aquella casa familiar». Tenía que ser, pues. Y así, el economista Felipe Díaz de Bustamante, tras una carrera de directivo en varias empresas multinacionales, decidió hace ya una década entregarse profesionalmente a este mundo, el que realmente le satisface, y fundar Jardines de Campo: «No quiero trabajar con algo que no sepa ni huela. No me gusta hablar de dinero ni comprarlo», argumenta justificando el cambio. «El mío es el idioma de la calle, con sus gustos y sus olores». Más bien el del campo, pienso mientras admiro su jardín en la dehesa castellana, un espectáculo de 2.000 m2 de rosas, lavandas, romeros, salvia... que se despliega bajo imponentes encinas.

«Mi principio es adaptar el paisajismo a nuestra jardinería rural. No se trata de copiar modelos ingleses, en España no es posible reproducir Oxfordshire en la tipología». Paseo escuchándole y salta sola la palabra showgarden. Aquí hay mucho que ver, que aprender, que ofrecer: «Existe una actitud vital a la hora de crear un jardín, para mí es la funcionalidad, que se traduce en una investigación previa al trabajo: ¿qué va a hacer allí su dueño? ¿Quiere un camino para pasear, una sombra para leer en soledad, disfrutar de la puesta de sol? Hay que ayudarle a descubrir momentos que le hagan aprovecharlo y también a visualizar su futuro, porque, ¿cómo será ese jardín querido cuando se haga mayor?». Este campo es hoy una filosofía en grises, ocres y verdes para Díaz de Bustamante, un idioma de secano al que hay que buscarle la alegría: «La aporta la flor. Ella es una provocación que aparece y desaparece. Una deliciosa impertinencia».

www.jardinesdecampo.com



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