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Brexit

En Sotheby´s  de NYC se han llegado a pagar 22.550 dólares por doce tazas  de loza de Staffordshire.

Beatriz Satrústegui 26/02/2020
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Hace unos meses circulaba por las redes un chistecillo con la definición de un nuevo verbo:" brexitear", decir que te vas, pero al final quedarte. Por ejemplo, en una fiesta: «Ahí está María, brexiteando al lado de la puerta desde hace media hora».
Chistes aparte, tras largos meses de brexiteo, finalmente sí que se han marchado. Una pena. Los ingleses nos dejan mucho más que pieles enrojecidas por el sol de Torremolinos y pecios hundidos frente al cabo de Trafalgar. Más, más que el golf, el fútbol y el roast beef. Nos quedan recuerdos de la infancia en casa de la abuela con las meriendas de plum cake y té en tazas con dibujos de flores rosas: nos dejan la loza inglesa.

En el asunto de la porcelana y la loza hay mucha tontería. Muchos creen que la porcelana es siempre mejor y desprecian la loza, desconociendo que hay porcelana que viene de China a precios ínfimos y calidad peor, y que, por el contrario, existe loza fina de más de 300 años de antigüedad que se cotiza a millón en las casas de subastas internacionales. En enero, se celebró en Sotheby's de Nueva York la puja del mobiliario y enseres del difunto y legendario decorador americano Mario Buatta. De entre todo lo que se subastó, las piezas de loza inglesa multiplicaron por diez su valor estimado. Una colección de doce tazas Staffordshire en forma de tulipán, desiguales y con desconchones, se vendió por la friolera de 22.500 dólares. Una sopera que recreaba un melón, de Longton Hall, por 8.000. Y por 10.600, una fuente de Chelsea. Todo loza.

La loza fina está de moda. De hecho, nunca ha dejado de estarlo. Dicen que su inventor fue Josiah Wedgwood, comerciante y alfarero inglés que fundó una de las más famosas marcas de loza inglesa. Wedgwood, de quien pocos saben que es abuelo de Charles Darwin, fue quien ideó la venta por catálogo, el «le devolvemos el dinero», la compra a crédito y el «compre uno y llévese otro gratis». Un chico listo que casó bien y aprovechó la fortuna de su mujer para construir un imperio. Este visionario industrializó la producción de vajillas haciéndolas asequibles a casi todos los públicos. A la reina Charlotte le vendió una vajilla de loza fina color marfil (creamware) y la convenció para que le dejara ponerle su nombre: Queensware, el menaje de la reina. Vendió vajillas a media Europa y a toda Inglaterra. Catalina la Grande, árbitro del buen gusto e influencer de todas las Rusias, le encargó una –la famosa vajilla de la rana, con motivos de ídem– para su palacio finlandés de Kekerekeksinen, que significa "palacio de la charca de la rana". Con ese nombre, no sé si el palacio promete mucho, pero la loza es preciosa.

Años antes, otro inglés, Thomas Fry, inventó lo que se llamaría bone china, o porcelana de cenizas de hueso, añadiendo polvo de hueso de vaca a la pasta de porcelana para hacerla más dura. Y otro más, Josiah Spode, fundador de la casa del mismo nombre, desarrolló este tipo de loza translúcida y fina, y nos enseñó a imprimir sobre ella, bajo el esmalte, las escenas de caza, los castillos ingleses y las florecillas que recordamos de las tazas de té de casa de la abuela. Y así, plato a plato y taza a taza, los ingleses nos unieron a ellos de muchas más formas de las que ahora recuerdan. Siempre habrá un plato de loza en el que tomar una paella el día que hayamos de celebrar su vuelta.

Beatriz Satrústegui es la impulsora de la tienda online Société de la Table, especializada en menaje y decoración de mesas. www.societedelatable.com


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