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Claves del decorador

«Los arquitectos tenemos que regalar belleza»

Mariano Martín no ha abandonado su pasión por llevar adelante proyectos muy especiales, trabajos arriesgados pero llenos de respeto por el pasado. Lo hace siempre desde la mirada inocente de un niño, la mejor forma que conoce para activar con intensidad la imaginación.

Míriam Alcaire. Fotos: Imagen Subliminal, Jesús Granada y Asier Rúa 21/02/2019
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Según Mariano Martín, el interiorismo, como el mundo, está cambiando a gran velocidad. Y para adaptarse bien, hay que  participar de esas nuevas fórmulas y disfrutarlas. Aunque –y esto lo repite a lo largo de la entrevista– con un tratamiento exquisito del patrimonio: «Hemos destruido mucho, sencillamente por una cuestión de modas. Hace años no dudábamos en tirar un piso abajo sin más. No queremos vivir o vestir como nuestros padres, aunque nos parece muy chic hacerlo como nuestros abuelos. La prueba son las tiendas vintage... Entonces, ¿por qué arrasar con lo que había antes?». Esta reflexión resume una filosofía que traslada con coherencia a cada trabajo. Y en veinte años ha afrontado muchos y a todas las escalas, desde casas, oficinas o tiendas a instalaciones deportivas.

¿Cómo definirías tu estilo?  
Lleno de humor, color, normalidad, recuperación, creatividad, risa, alegría... Lo que de verdad quiero es sorprenderme a mí mismo en cada proyecto y de esta forma dar al cliente también lo mejor.

¿Algún sello diferencial?
Sí: me gusta hacer las cosas "fáciles". Tiendo a emplear materiales modestos, más ligados al mundo industrial que al del interiorismo. Y darle mucha importancia al color. Uno de mis principios es conservar, recuperar y poner en valor cualquier material. A veces, es más que suficiente.

¿Estética o práctica?
No entiendo una sin la otra, yo me dedico a diseñar espacios donde se vive, se trabaja, se compra, se juega, se habla, se duerme, se expone, se hace el amor... y,  por supuesto, trato de hacerlos bellos.

Una pieza que te guste repetir.
El felpudo de estera de coco a la entrada de los edificios, enrasado con el resto del pavimento. Usado a gran escala y con criterio, es una bienvenida preciosa.

Un imprescindible que ames.
Un mueble de madera con un radio- tocadiscos de cuando mis padres se casaron. Adoro escucharlo sin decidir nada y dejándome asombrar. Quizá sea una forma de no diseñar el futuro y de parar el tiempo.

El arte, ¿qué papel cumple para ti?
Lo tengo metido en las venas. Mi mayor placer es escaparme a dibujar por museos y calles de todo el mundo. Es un aprendizaje que da libertad a mis proyectos.
Ideas para una buena iluminación.Con Ignacio Valero, un mago en este campo, he aprendido mucho. Él lee mis proyectos y los interpreta con luz de una forma sorprendente.

¿Qué hace que una casa funcione?
Como dice mi madre, las viviendas las hacen las personas que habitan en ellas. Creo que los arquitectos tenemos que regalar al cliente belleza. Con los años he aprendido a respetar casi todo lo que me encuentro en ellas, y busco qué les puedo dar para convertir en alegres esos espacios. En ocasiones hace falta muy poco, pero hay que saber qué es ese poco.

EN SU AGENDA

Un museo: me paso horas y horas dibujando en el Prado (museodelprado.es).

Una galería o centro cultural: en Madrid, la Central de Diseño del Matadero es mi segunda casa (mataderomadrid.org).

Mi restaurante: Taberna Mariano, en el Barrio de las Letras de la capital. La decoramos para una edición de DecorAcción (tabernamariano.com).

Una tienda: Luciolé, en la madrileña calle Hortaleza. Allí trasteo con cables, interruptores y bolas de luz que llenan de color nuestros espacios (www.luciole.es).



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