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Editorial

Slow Deco

El verano invita a despojarnos de vestiduras decorativas para crear espacios llenos de paz.

Marta Riopérez @martarioperez 29/07/2016
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Slow Deco

Casa de verano.


Sí. Deja que fluya lentamente. Visualiza en tu mente, ahora tranquila, cómo puede ser tu casa si la despojas de objetos que ya no tienen sentido. O si la estás montando, hazte con esas piezas, pocas, que te harán la vida fácil. Es posible y lo he visto. Tengo unos amigos que lo han conseguido; es verdad que ellos no tienen niños –¡lo que podemos llegar a acumular en su nombre!–, pero no es menos cierto que sus amistades se cuentan por cientos. Ellos tienen una casa cerca del mar desde hace muchos años. Ya cuando la compraron, y rehicieron entera, sabían cómo querían que fuera el tiempo pasado en ese patio: fácil, relajado y feliz. Así que buscaron las piezas básicas, todas procedentes de artesanos locales, en madera, mimbre y linos blancos. Construyeron dos habitaciones para la gente con quien les gustaría compartir ese tiempo. Paredes encaladas desnudas. Todo simple, un poco monacal, con ese estilo de desposesión que les hace tan ricos. Y abrieron su cocina a los privilegiados que nos acercamos. Es un lugar mágico en el mundo, no solo por las maderas pintadas de añil o la palmera que crece junto al pozo, se trata de la decoración más sencilla y generosa que existe. Todos los que llegamos hasta allí sabemos que ese cuarto que nos asignan es el nuestro desde siempre y eso hace que nos sintamos especiales e inmediatamente relajados. Desde este número os animo a intentarlo, a mirar nuestra casa de verano como un lugar en el que todo está para servirnos, sin complicaciones. Y a ser felices.


Tags: decoración.

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