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Un mirador privilegiado: la vivienda Limoncello de Antonino Cascio

Limoncello se llama esta transparente vivienda que se abre majestuosa al paisaje de la costa azul. Un cóctel de luz, terrazas y fachadas de cristal que ha agitado la mano del arquitecto Antonino Cascio.

Nuevo Estilo 21/08/2013
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Encontrar nombre para esta vivienda resultó un juego sumamente fácil. Limoncello le surgió de forma espontánea a la propietaria, apasionada, al igual que su marido, de este famoso licor italiano de limón con el que en tantas ocasiones, a lo largo de los años que llevó la planificación y realización del proyecto, les había obsequiado el responsable del mismo, Antonino Cascio. El limoncello es una especialidad siciliana y la familia del arquitecto, oriunda de esta región, lleva produciéndolo desde hace generaciones. A Cascio le encantó la denominación de la casa: le parecía que el limoncello evoca el sol y todo la calidez de las tierras del Sur, por lo que sería imposible encontrar un nombre mejor para esta espléndida construcción, ubicada en una ladera de Cannes.

Un mirador de lujo con espectaculares vistas del archipiélago de las Iles de Lérins por el lado este y de Cap d’Antibes por el oeste. La vivienda tardó en hacerse realidad tres años —uno llevó la planificación y el diseño, y dos la construcción, la decoración y el paisajismo— y durante este tiempo, el arquitecto disfrutó de absoluta libertad de actuación por parte de los dueños.

El proyecto contaba con el handicap de tener que edificar en un terreno en desnivel. Antonino Cascio adosó literalmente la casa contra la pendiente y construyó cinco plantas asomadas al mar que van descendiendo escalonadamente por la montaña. Además, dotó a la villa de una forma de bumerán que no sólo “abraza” la ladera, sino que ofrece vistas panorámicas de la costa, lo que favorecen también las grandes cristaleras de la fachada. Este trazado curvo organiza, asimismo, las plantas con idéntica estructura: un gran vestíbulo central que distribuye las estancias en una y otra ala. La entrada principal, en el lado norte, se halla en la planta superior, dedicada a zona de estar. Desde aquí, escaleras y un ascensor permiten ir descendiendo a los siguientes niveles: el ocupado por los dormitorios de los propietarios y sus hijos, y otra planta más abajo con las estancias comunes: el salón-comedor y la cocina. Por este piso, que acoge también los cuartos de invitados, se accede a la piscina y al jardín. Casi bajo tierra hay dos plantas más: la que alberga la bodega, el gimnasio, un cine y las salas de máquinas, y el garaje, con entrada independiente por un túnel.

Lógicamente, la decoración tenía que ir acorde con tamaño continente. Arquitecto y propietarios eligieron piezas de diseño de primeras firmas como Zanotta, Cassina o B&B Italia con las que han creado unos sobrios y lineales interiores. El complemento, obras de arte contemporáneo adquiridas en la galería Catherine Issert. «¿Un sueño hecho realidad?», preguntamos a los dueños. «Sin duda —contestan—. Ésta es la obra de un genio. Así que ya no queremos vivir viajando continuamente como si fuéramos nómadas».



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