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Locarno, Suiza

La lógica aplicada a la casa de Britta y Francesco Buzzi

Líneas rotundas, formas consecuentes y una estrecha relación entre paisaje y arquitectura son los argumentos que los arquitectos Britta y Francesco Buzzi han desarrollado en esta vivienda sobre el delta del río Maggia, en Suiza.

Nuevo Estilo 04/05/2018
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En la localidad de Locarno, la “Niza suiza”, como se conoce a esta zona, una pareja de jóvenes arquitectos, Britta y Francesco Buzzi, han encontrado en la contrucción de casas su propia forma de expresión. Recientemente, les surgió la oportunidad de realizar en el pueblecito de Tegna, en el canton del Ticino, uno de sus retos más ambiciosos hasta el momento: una vivienda unifamiliar de hormigón, ubicada en una empinada pendiente de 600 m2 de extensión, que linda con las orillas de los ríos Maggia y Melezza, y tiene los Alpes como impresionante telón de fondo.

Desde la última inundación del río Melezza, en 1978, el miedo a sufrir nuevas riadas había frenado las edificaciones en esta zona. Sin embargo, los actuales propietarios de la casa descubrieron el lugar una tarde de otoño, con los árboles amarillos y las colinas cubiertas de nieve. Tras contactar con los arquitectos, se aventuraron a levantar aquí la vivienda de sus sueños. La gran inclinación del terreno fue el mayor desafío para Britta y Francesco Buzzi. En lugar de elevar la casa sobre un zócalo, que hubiera sido la solución más fácil, decidieron adaptarla a la pendiente para que la fachada se integrara completamente en el entorno como si hubiera crecido de forma natural en él. De carácter marcadamente urbano, el chalé goza de múltiples orientaciones y dispone de una zona de terrazas con vistas al río. El hormigón negro de la estructura cubre todo el volumen de la casa, de manera que el edificio parece esculpido sobre un bloque de piedra. Como no se podía construir horizontalmente, pues había un bosque lindante que lo impedía, se optó por hacer una vivienda cúbica de dos plantas, cuya estética vanguardista difiere mucho de la arquitectura pseudorromántica que abunda por esta zona.

El interior, pintado de blanco y pavimentado con una tarima de roble blanqueado, crea un fuerte contraste con el hormigón negro de la fachada y da absoluto protagonismo a la decoración. Las inmensas cristaleras del salón establecen un fluido diálogo entre el exterior y el interior, proyectado con espacios diáfanos que permiten ver al primer golpe de vista la cocina, el salón y el comedor. Nada rompe la armonía monocromática del ambiente y, aunque cada habitación tiene sus propios límites funcionales, la transparencia y las generosas dimensiones de las estancias forman un atractivo conjunto visual. En la zona de dormitorios, ubicada en la parte trasera de la casa, los arquitectos diseñaron un atrio que baña el ambiente con una cálida luz cenital. Todos ellos tienen acceso directo al jardín, un espacio en plena naturaleza que se prolonga hasta el horizonte sin vallas ni barreras artificiales que marquen límites. Sólo una estrecha escalera de hormigón, que se mimetiza con la fachada, marca el camino desde la casa hasta el río. El estímulo de la naturaleza y la calma del ambiente son el alma de esta casa y se adentran en ella como parte de su atractivo.



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