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Formentera

Una casa para refugiarse del estrés

En el corazón de Formentera, con alma de artistas y un gusto estético que bebe de fuentes distintas -el Mediterráneo, la vía minimal y el chic barroco-, los propietarios han hecho de esta vieja casa de labor un particular refugio antiestrés. Es el encanto en estado puro.

Nuevo Estilo 03/08/2018
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El último paraíso... Estas sugerentes palabras, que dan la bienvenida en la página oficial de Formentera en internet, reflejan lo que sienten los dueños de esta casa de vacaciones. Antes, visitaban el idílico destino balear a bordo de un barco y fondeaban en el puerto, hasta que un día fueron invitados a una fiesta que se celebraba precisamente en esta finca. Ahora, esta residencia en tierra firme es su «refugio secreto». «Para mi esposa era un lugar mágico», comenta, «por la forma de llegar, a través de un camino rural de tierra, y por saber que alrededor sólo viven payeses. Nos enamoráramos de ella y la compramos».

La reforma la proyectaron los arquitectos Nacho Alonso y Bill Wright, y la realizó el constructor Pep Sala. ¿En qué estado se hallaba la casa? «Pues imagina: el mismo día en que nos dieron las llaves, el techo se derrumbó». La rehabilitación íntegra había que hacerla «sí o sí». Fue necesario intervenir en los dos edificios: el principal, destinado a alojar al matrimonio, y el de las caballerizas, que es el feudo de los hijos.

El objetivo era lograr la máxima intimidad. La edificación principal –que es la que nos ocupa– no ha sufrido cambios de distribución. Las dos únicas peticiones de los dueños fueron grandes espacios y una cocina lo más amplia posible. El espíritu que querían para los ambientes –el característico de las viviendas rurales de la isla– se resumen en búsqueda de la austeridad y empleo de materiales naturales. En este sentido, el dueño destaca la importante labor del constructor. Pep Sala fue muy respetuoso a la hora de mantener intacto el alma de la arquitectura tradicional. Esta idea se aplicó también en el exterior, donde se han conservado o repuesto las plantas y árboles mediterráneos: romero, lavanda, tomillo, olivos, vides... Un telón de fondo natural al que se añadió la piscina, un elemento nuevo tratado como si fuese una alberca típica de esta zona de labranza –el vaso y las paredes son de cemento–.

En cuanto a la decoración, la dueña se ha encargado de dotar a esta casa de vacaciones de un halo de serenidad potenciado con la sencillez de los materiales, como son el suelo de cemento pulido y las paredes encaladas. Las sensaciones de tranquilidad y luminosidad se han conseguido con la elección de pocas piezas de mobiliario, en su mayoría antiguo o recuperado de viviendas anteriores. En general, son diseños de un estilo que se puede definir como rústico refinado y que proceden de lugares tan dispares como Grecia o Argentina, pero también de la Provenza francesa. Allí encontraron sobre todo las arañas y apliques de cristal tallado que ponen el toque chic en una fusión fruto de vivencias muy personales.



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