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Una casa luminosa con piscina

En la falda de la mallorquina Sierra de Tramuntana, esta casa tiene carisma. Se lo dan sus siete siglos de existencia, el mimo puesto en su recuperación y unos interiores que respiran modernidad y toneladas de paz.

Nuevo Estilo 20/08/2013
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De niño, el propietario de esta casa correteaba sin descanso desde la herrería donde trabajaba su padre a los establos que habían levantado los abuelos de sus abuelos, cuando la finca se dedicaba a las labores agrícolas. La construcción principal y sus anexos –con elementos de hace siete siglos– llevaban más de 80 años sin reformarse cuando los dueños planearon hacer de ellas una vivienda de vacaciones de espacios abiertos y líneas minimalistas, pero que mostrara las señas de su historia.
Los primeros pasos de esta propuesta, materializada por el arquitecto Rafael Munar y Construcciones Na Ferrera, fue realizar encofrados nuevos para reforzar la estructura, trazar canalizaciones de agua y electricidad, y conectar las diferentes edificaciones para conseguir una comunicación fluida entre los ambientes, ahora generosos y diáfanos en su mayoría. La fachada, sencilla y sobria, no se tocó. Ahí estaban ya los gruesos muros, los bancos de obra adosados y los soberbios sillares  de piedra de Binissalem, que enmarcan las ventanas y la puerta principal.
Esta misma piedra se ha dejado vista en el salón, en vanos que hubo que agrandar de alto y acompañar de peldaños que salvarán el desnivel respecto a las viejas cuadras de ganado, donde en la actualidad se encuentran los dormitorios.
La decoración, también obra de los propietarios, responde a su deseo de una casa cómoda y confortable, que respirara paz y sensación de espacio, donde se viviera en permanente contacto con el exterior, con el campo que la rodea. La fórmula para conseguirlo ha sido crear unidad cromática en blancos y tierras, y proyectar ambientes despejados con muebles de diseños ligeros, rectos, muy depurados.  
IDEAS DEL PROYECTO
Suelos continuos de cemento pulido. Son obra de Jaime Danus y están trabajados a mano, a la antigua usanza, creando un enlace estético con la arquitectura tradicional balear. El efecto obtenido es magnífico: al bañarlos, la luz natural –tan abundante– dibuja sutiles y múltiples reflejos ocres, rojizos... Estos matices de color acompañan el paso de una zona a otra de la casa.
Madera de fresno: la seña de identidad. De tonalidad clara y con preciosas vetas, esta variedad se ha utilizado en la carpintería de puertas y ventanas, en las vigas de algunos techos y también para realizar un buen número de piezas de mobiliario. ¿El resultado? La creación de una imagen de conjunto global que refuerza la atmósfera depurada de los interiores y añade un toque cálido.



Tags: Mallorca y Piscina.
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