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Ginebra

Pura simbiosis en esta casa suiza

Los propietarios de este piso en Suiza, arquitectos de profesión, han sabido conjugar su estructura clásica con un interiorismo contemporáneo en el que priman el mobiliario de diseño, los cómics, numerosos recuerdos de viajes y las fotos de color.

Nuevo Estilo 21/08/2013
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Si es verdad aquello de que los ojos son el espejo del alma, no es menos cierto que una casa es el reflejo de una vida. Y más aún si pertenece a una pareja de arquitectos apasionados de los cómics, amantes de los viajes a destinos lejanos y coleccionistas natos. François y Valentine Frey querían cumplir su sueño de vivir en un espacio con personalidad, con estilo propio. Tras una intensa búsqueda, se dieron de bruces con esta casa. Situada en una de las zonas más selectas de Ginebra, en Suiza, la vivienda, muestra de un pasado esplendor, lucía las señas de identidad de un clasicismo decimonónico que los propietarios han sabido adaptar a las nuevas tendencias. Tras una rápida reforma, consiguieron redefinir la estética de la casa, pero manteniendo la estructura original del conjunto. El resultado es una composición ecléctica que combina características propias de una arquitectura del siglo XIX —techos altos, ventanas de madera, tuberías al descubierto— con elementos más actuales, como los colores presentes en algunas paredes y las piezas de diseño ubicadas a lo largo de todo el piso. Ante todo, los propietarios buscaban un punto medio entre la funcionalidad y los excesos decorativos, con un estilo que resultara distinto en cada estancia. La distribución de los espacios ha contribuido a la creación de ambientes con rasgos propios y significativos en cada uno de ellos.

Para empezar, los arquitectos optaron por mantener algunos de los elementos originales de la vivienda, sometiéndolos a un proceso de recuperación y mejora. Es el caso del pavimento de parqué de haya que recorre todas las habitaciones, y de las molduras de escayola que rematan los techos. Asimismo, se conservaron la puerta de entrada —una magnífica pieza también de haya— y la carpintería de las ventanas. Por su parte, la renovación de los sistemas de climatización respetó la instalación original de los tubos de la calefacción como un elemento decorativo más. Los azulejos a media altura en la cocina y las chimeneas, ubicadas en las dos salas de estar, refuerzan la estética antigua del conjunto. Pero los Frey querían poner una nota actual en la casa y también pinceladas de color.

Así que, aprovechando la extraordinaria altura de los techos y, por tanto, sin miedo a perder amplitud, procedieron a pintar —como si de un cómic se tratara— una de las paredes de cada estancia con sus colores preferidos: berenjena para el comedor, naranja en el dormitorio infantil, barro para la entrada y el salón... El resto de los muros se dejó en tonos blancos y crudos, presentes también en puertas y rodapiés. La nota de actualidad viene igualmente de la mano del mobiliario, piezas de diseño entre las que destacan especialmente las lámparas de papel de Isamu Noguchi, diferentes modelos de la serie Akari. Iluminan todas las habitaciones.
El resto de la decoración de la vivienda se mueve a caballo entre piezas de autor —como las sillas de la Serie 7 de Arne Jacobsen y diversas creaciones de los Eames, Le Corbusier y Alvar Aalto— y objetos de las colecciones de los propietarios. La original disposición de cuadros y fotografías, que en ocasiones llegan a ocupar paredes enteras, constituye un elemento estructural más que, acompañado por las pinturas de Gilles Porret, dota de gran agilidad y dinamismo a la vivienda. En definitiva, se trata de un nuevo espacio que redefine los cánones de lo convencional.



Tags: Vivienda.
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