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Reinventar el pasado

Nada indica que esta casa mallorquina fuera construida hace más de cincuenta años por el abuelo del arquitecto Joan Riusech, su actual dueño. Él ha realizado una reforma en la que los recuerdos de la infancia dan paso al diseño más actual.

Nuevo Estilo 21/08/2013
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Aquellos proyectos hechos con el corazón siempre dejan entrever una vitalidad especial en cada uno de sus rincones. Por eso, esta vieja casa de veraneo junto al mar, en el puerto de Pollença (Mallorca), se ha llenado con una nueva vida en la total renovación llevada a cabo por Joan Riusech y Elisabeth Colom. Para el arquitecto, "se trataba de un trabajo muy interesante a nivel personal, puesto que es la vivienda de veraneo que construyó mi abuelo hace 50 años". Y quién lo diría, porque pocos elementos hacen adivinar la edad de la casa. El reto era partir de un contenedor lleno de recuerdos y adaptarlo a un estilo mucho más actual, "con la ilusión de empezar una nueva vida aquí, en este viejo pero renovado lugar frente al mar". 

Y los cambios fueron totales. Para empezar, la apariencia. La fachada de la construcción es una piel de madera, un nuevo traje que viste de modernidad la casa y hace, además, que se integre en el entorno. Un exterior de vital importancia puesto que la vivienda cuenta con el lujo de las vistas al mar y a la montaña.
En la flamante vestimenta externa destacan las aperturas que comunican con el paisaje. Las persianas de los vanos, como evoca poéticamente el arquitecto, "están pensadas para el control solar y la privacidad, pero no son sólo objetos estáticos. Son los latidos de la casa, que nos indican el paso del día y comunican su vida interior con el exterior".

En la planta principal, las habitaciones se sitúan en un lateral que conecta las vistas al mar y a la sierra. En el otro lado se encuentra un espacio diáfano compartido por la cocina, un comedor y el salón. Para evitar cierta sensación de tubo, los arquitectos resolvieron diferenciar con dos escalones los distintos ambientes, de forma que quedara una zona más recogida para cocina y comedor y otra, un par de peldaños abajo y más abierta al mar, para el salón.

En el interiorismo se trabajó codo a codo con el estudio Minim. La selección de mobiliario era de gran importancia, puesto que se querían mantener las visuales entre mar y montaña, y cada uno de los elementos tenía que aportar funcionalidad, pero en ningún modo crear barreras visuales.

Además, en el espacio diáfano de salón-cocina-comedor debían ser las piezas las que marcaran y definieran cada zona -como la librería Bookshelf de Cappellini, que actúa de elemento distribuidor- y también se buscó que los muebles se integrasen con los elementos estructurales -como la fusión de la chimenea en la composición Sistema, de Cappellini-. Ésta, en color fucsia, y otros detalles ponen la nota de color sobre una base uniforme de blancos en la que se respira frescura y comodidad.



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