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Pontevedra, España

Una reforma con buena memoria

Los suelos hidráulicos y las molduras de este piso en Pontevedra son todo un ejercicio nemotécnico. El estudio de interiorismo Loving Ideas puso en valor estos inspiradores detalles que evidencian la belleza clásica.

Mª Jesús Revilla. Realización: Mercedes Díaz de Rábago. Fotos: Montse Garriga 10/05/2017
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Interiorista y fundadora del estudio Loving Ideas, Maruxa Justo confiesa que la compra de este piso obedeció a un impulso: «Sus dimensiones, la altura de los techos, las molduras, los suelos... todo respondía a mis deseos y los de familia». Desde el primer momento, conservar y ensalzar sus virtudes arquitectónicas se convirtió en el santo y seña de la reforma y actualización que necesitaba la casa.

Las obras consistieron, fundamentalmente, en una renovación de las instalaciones, mientras que los cambios en la distribución no fueron drásticos. «No tiramos tabiques, sino que los añadimos, por ejemplo, para aumentar el número de baños», explica la decoradora. Las carpinterías, de pino tea, que son las originales, se restauraron y pintaron. En algunas de las puertas interiores se agrandó el vano ampliando el dintel, que se acristaló con el fin de que la luz natural fluyera mejor.

El suelo también habla del pasado de la construcción: luce unos coloristas mosaicos hidráulicos en muchas partes de la vivienda y se ha combinado con un precioso parqué de pino tea en el salón. En la cocina, donde no se pudo rescatar el pavimento antiguo, se optó por pizarra natural, y para los cuartos de baño, nuevos, la interiorista eligió piedra caliza en diferentes texturas.

La decoración, ecléctica y muy personal, hizo el resto. Se ha rendido homenaje a la estética clásica de la casa a través de un elegante mix de muebles: algunos, piezas contemporáneas o de diseño propio; otros, recuerdos de familia procedentes de viajes o conseguidos en anticuarios y mercadillos europeos.

IDEAS DE LA INTERIORISTA: Maruxa justo (www.lovingideas.es)

- Techos con carácter. Las molduras de escayola y los rosetones que centran las lámparas constituyen una de las señas de identidad de la casa e invitan a mirar hacia arriba. Y al hacerlo, descubrimos un curioso guiño en el salón: la decoradora colocó dos columnas de hierro para separar visualmente la zona de estar del comedor y como no llegaban al techo, las completó con unos capiteles hechos ¡de libros!

- Tonos claros y neutros. Se buscó la claridad en los paramentos para optimizar la luz natural, por lo que las paredes se revistieron con pintura satinada en color blanco empolvado. Pero para romper sutilmente la homogeneidad, puertas, ventanas y rodapiés se pintaron en un tono gris decapado.



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