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Marbella, España

Un bajo con jardín reformado en Marbella

La interiorista Marta de la Rica tuvo que emplearse a fondo para devolver a esta casa de Marbella, ejemplo de arquitectura orgánica, su apuesta por lo natural. El resultado ha sido sobresaliente.

Texto: Concha Pizarro Fotos: Asier Rúa 31/07/2018
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Al rescate!» pensó la interiorista Marta de la Rica cuando recibió el encargo de reformar un bajo con jardín, en primera línea de la playa de Guadalmina (Marbella), que había sufrido todo tipo de tropelías. Anteriores reformas no habían respetado la esencia del inmueble, un ejemplo de arquitectura orgánica de los años 70, obra de Fernando Higueras.
El primer paso fue eliminar los azulejos que cubrían las paredes –«horrorosos», recuerda la decoradora– y, con la ayuda del arquitecto Arturo Grinda, abrir la casa al exterior siguiendo el principio de esta corriente constructiva de buscar la integración de los edificios en su entorno natural. Ahora, el salón y el comedor se abren a un gran porche dividido en varios espacios, con un extra de regalo: desde cualquier punto de las terrazas actuales se puede contemplar el mar.

Los ambientes exteriores se ordenaron en diferentes niveles, según el uso y la hora del día en que fueran a utilizarse. Unas pérgolas de hierro y cañizo en el techo, y unas cortinas de lino blanco en toda su longitud controlan la luz y protegen de miradas indiscretas. Estos cambios de altura se unifican con un suelo continuo en microcemento que se prolonga también en el interior de la vivienda, manteniendo un diálogo fluido dentro/fuera. A esta conversación se une el jardín, con plantas y árboles típicos mediterráneos que, literalmente, entran en la casa a través de huecos y ventanas. Es un elemento indispensable en el día a día familiar.  

Para los colores, De la Rica eligió una paleta cálida y natural: «Nada es totalmente blanco, todo aparece como se presenta en la naturaleza, crudo y rudo». Los materiales, de texturas suaves, se guían por el mismo criterio, un canto a la artesanía y las imperfecciones: microcemento en el suelo, muebles de obra, madera de roble, lavabos de piedra, pintura a la cal... Incluso se aprovecharon algunos tableros de encofrar olvidados en la obra para crear percheros y expositores. La decoración, por supuesto, sigue esta línea, con el uso de esparto, yute, cáñamo, mimbres y linos. Elementos sinceros y respetuosos con el medio ambiente, como las lámparas del comedor, un diseño de Álvaro Catalán de Ocón a partir de botellas de plástico usadas. Ahora, esta vivienda sí puede decir «he vuelto a mis orígenes».

Ideas del proyecto
MARTA DE LA RICA martadelarica.es

Fogonazos en rojo. "Quería romper la unidad cromática de los tonos crudos y naturales", explica la diseñadora.

Todo a pares. Dos lámparas de pie, sillones gemelos, una pareja de mesas triangulares, el mismo número de sofás... pero distribuidos por el espacio a la búsqueda de la asimetría ideal. «En la naturaleza nada es perfecto y yo me fijo en ella», comenta.



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