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Madrid, España

Masculino singular: un piso rejuvenecido en Madrid

Esta vivienda en Madrid ha rejuvenecido tras las pautas aplicadas por el interiorista Amaro Sánchez de Moya, quien supo potenciar los puntos fuertes. Mucha claridad, más notas de color y piezas rotundas personalizan su alma señorial.

Realización: M. Ruiz-Mateos. Texto: G. Marcos. Fotos: P. Sarabia 04/12/2017
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Hace ahora seis años, Raúl Romero, experto en comunicación de marcas de moda y estilo de vida, convirtió este piso madrileño de 65 m2 en su vivienda habitual. En un principio, realizó una reforma que incluyó un cambio de distribución: «Mi prioridad era un buen salón para recibir a amigos y familia, y un cómodo dormitorio con baño integrado y vestidor. Por eso sacrifiqué espacio de la cocina», nos cuenta. Con el paso del tiempo, aunque la organización seguía gustándole mucho, la decoración inicial, muy formal, no encajaba con sus nuevas ilusiones. Así que contactó con el interiorista Amaro Sánchez de Moya para realizar un cambio de imagen que mantuviera vivo el aire señorial de la arquitectura –la casa forma parte de un edificio isabelino del s.XIX–, pero insuflándole al mismo tiempo una ráfaga de aire fresco. El resultado ha ganado en luminosidad y sumado colores que crean una atmósfera relajada.

Las paredes se tiñeron de blanco magnolia y los ambientes se vistieron con nuevos tejidos en azul que suavizan y dan armonía al conjunto. Un escenario sereno, que requería un golpe de efecto, una sorpresa visual. Y, entonces, el interiorista propuso pintar todas las carpinterías –molduras, rodapiés, ventanas y puertas– en tono grafito, una fórmula ideal para ensalzar la arquitectura de época y enmarcar las estancias. Todo un acierto al que se añadió la fantástica lista de piezas y muebles con carácter que salpican cada rincón, así como una personal y ecléctica colección de arte. No falta detalle.

Ideas del interiorista Amaro Sánchez de Moya (www.amarosanchezdemoya.com)

Pared de espejo, un recurso clave. Para potenciar la luminosidad y ampliar ópticamente el salón, se revistió un frente con cuarterones de espejo. Además, resultó fantástica la fórmula de superponer cuadros en él.

Paleta de colores. Los tonos castaños y tabaco, que evocan el interior de un club inglés, se aligeran con una refrescante gama de azules y blancos. Así, las paredes se tiñeron de un matiz muy suave que recuerda a los pétalos de magnolia. Puertas, molduras, rodapiés y marcos se revalorizaron en color grafito.



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