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Nueva York, EE.UU.

Este loft de Manhattan era una fábrica de chocolate en los años 30

Interiores diáfanos con gigantescas esculturas, pinturas y otras expresiones plásticas de vanguardia. Así es la vivienda de Bernar Venet, quien ha transformado una fábrica de chocolate de los años 30 en un peculiar espacio donde vive, trabaja y muestra sus colosales obras de acero.

Nuevo Estilo 25/07/2018
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Después de recorrer galerías y museos de todo el mundo, las monumentales esculturas en hierro de Bernar Venet, con su característica forma en arco y espiral, necesitan un espacio amplio que las acoja como se merecen cuando regresan a Nueva York, el lugar escogido por este artista francés, pionero del arte conceptual y reconocido internacionalmente, para fijar su residencia definitiva. 

Tras seis meses de desesperada búsqueda, Diane, la mujer de Venet, dio con el sitio al fijarse en un cartel de "se alquila o se vende" que colgaba de la puerta de un almacén abandonado con paredes de ladrillo situado en el barrio de Chelsea, en el West Side de la Gran Manzana. A pesar del estado lamentable de los interiores, los Venet no dudaron, ya que las dimensiones de este edificio de cuatro plantas y 1.600 m² les permitirían alojar gran parte de sus gigantescas esculturas.

Asimismo, el sólido y oscuro suelo de hormigón del edificio, una construcción de los años treinta que en su origen albergó la fábrica de chocolate Hersey, era perfecto para sostener las pesadas esculturas de diez toneladas. Tras llegar a un acuerdo con el propietario, los Venet comenzaron las labores de rehabilitación, que, como si de un milagro se tratara, tan sólo duraron cinco meses. Además de modificar la distribución de los espacios interiores para adaptarlos a sus nuevas necesidades, la reforma consistió fundamentalmente en potenciar la luz natural. Para ello, se abrieron numerosos ventanales en la fachada de cada una de las cuatro plantas y se creó un patio interior, estratégicamente situado entre el pasillo, el dormitorio y el baño principal.

Cada una de las plantas atiende tras la reorganización a una función específica. Así, el nivel inferior se ha convertido ahora en el taller de Bernar, donde se sitúan las monumentales piezas. El segundo piso está ocupado por los estudios de Bernar y Diane, y en el tercer nivel se han situado el almacén y un apartamento de invitados. En último término encontramos la cuarta planta, que cuenta con una escalera en espiral que lleva a la terraza, situada en el tejado, y que se ha reservado para instalar la zona privada de los propietarios. Aquí, ocupando un gran espacio diáfano, el luminoso salón-comedor comunica con la cocina a través de un vano abierto en la pared. Por otro lado, un estrecho y alargado pasillo conduce al dormitorio y al baño principal -que reciben luz natural gracias a un patio interior- y al resto de habitaciones y cuartos de baño.

En cuanto al interiorismo, se han elegido pocas piezas pero muy funcionales, que en su inmensa mayoría -el mobiliario del salón-comedor, por ejemplo- han sido diseñadas a medida por el propio escultor. Una sencillez decorativa que ha permitido crear espacios despejados para que la atención se centre en el elemento clave de la casa: las obras de arte.



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