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Un lugar para la creación

La casa del escultor Bernar Venet en la provenza francesa mantiene la esencia de la antigua nave industrial que fue. Los amplios ambientes diáfanos albergan sus grandes obras, una de las cuales se exhibe en un estudio aparte construido ex profeso.

Nuevo Estilo 21/08/2013
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El escultor Bernar Venet buscaba un lugar tranquilo, lejos de la ciudad, donde pasar los meses de verano, que reuniera las condiciones adecuadas para desarrollar plenamente su trabajo. Y, a ser posible, en su Francia natal. Por todo ello, no dudó un momento en adquirir esta propiedad situada en plena Provenza, que albergaba una antigua fábrica de materiales ferroviarios. Su objetivo era transformar el edificio en vivienda, manteniendo su carácter industrial, y levantar un estudio nuevo en el que ubicar una de sus piezas.

Para llevar a cabo estas actuaciones, Venet recurrió a los arquitectos Charles Berthier y David Llamata, del estudio parisino LLB Architecture.

La nueva residencia es una superficie de 1.700 m2 en la que más de 200 m2 se han destinado a vivienda propiamente dicha, con una gran estancia diáfana que acoge, sin barreras visuales, salón, cocina y comedor. El resto se ha habilitado para exponer los trabajos del escultor.

Venet tenía desde hace tiempo el sueño de que una de estas obras, de grandes dimensiones, se exhibiera sola en un espacio propio y para ello, los arquitectos levantaron un nuevo edificio. La construcción, de planta rectangular, está recubierta de placas de acero inoxidable en el exterior y cuenta con un pasillo acristalado que se abre al jardín. En el interior, los suelos de cemento armado y las paredes desnudas aportan al artista todo cuanto necesita para exponer su obra. Los altos techos, surcados por cerchas metálicas y cristaleras —a imagen y semejanza de la que fue la antigua fábrica—, dejan entrar abundante luz natural.

Volviendo a la vivienda, el empeño por conservar la estética fabril del edificio llevó a Berthier y Llamata a respetar la altura de los techos y a afianzar la presencia del metal, que se puede ver en los suelos —salvo el del dormitorio, que es de tarima—, los elementos estructurales y también el mobiliario, la mayoría diseñado en acero por el escultor.

En el exterior, los muebles del comedor de verano y la piscina siguen la estética cubista de las piezas interiores, intercalados con varias esculturas del artista que se exhiben por todo el jardín.

En definitiva, la idea era construir un espacio a la medida de las obras del propietario donde poder mostrar, con orgullo, más de cuarenta años de éxitos en la escena internacional.



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