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Lours, Francia

Visitamos la casa de Philippe Thèlin y Thierry Gonzal

En la ciudad francesa de Tours, a la sombra de las torres de la catedral, tienen su residencia los coleccionistas y decoradores Philippe Thèlin y Thierry Gonzal. Una extraordinaria mansión señorial con un contenido a su altura: una muestra icónica de arte y diseño de los últimos siglos.

Texto: Aude de la Conté / Miriam Alcaire. Fotos: Germain Suignard 11/12/2017
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El amor por el coleccionismo desencadena todo un repertorio de emociones: la búsqueda, el viaje, la sorpresa, el hallazgo. La casa de los decoradores Philippe Thèlin y Thierry Gonzal está llena de piezas adquiridas tras ese recorrido vital, tal como explica el primero: «El gran placer de la compra de un objeto o un mueble es tocarlo y descubrir su procedencia y su historia. Algo que no me proporciona internet». Muebles, lámparas, obras de arte, objetos decorativos... en este palacete, que remodelaron y convirtieron en su residencia, reúnen los tesoros que luego venden, de ahí que los interiores estén en continua mutación y el contenido nunca sea el mismo. A excepción de su querida colección de cerámicas –con piezas de Cloutier, Jouve y Picasso–, de la que nunca se desprenden.

El marco para albergar una miscelánea tan valiosa y variada no podría ser mejor que esta vivienda señorial sin pasillos, con estancias concatenadas que se abren a otras dependencias, pero pueden cerrarse con puertas de doble hoja para lograr ambientes íntimos. «Esa especial distribución permite el juego entre espacios y objetos», aclara Thèlin, que, junto a Gonzal, es también dueño de una sala de exposiciones, La Laverie, en una antigua lavandería industrial de Tours, ciudad en la que han montado la tienda Mis’en Scène 40. A esto se añade otra actividad desarrollada con éxito: el diseño de interiores y la decoración de apartamentos de lujo y grandes villas. Y todo este trabajo lo realizan sin una infraestructura enorme. Cuentan con asesoramiento de arquitectos para resolver problemas técnicos y con la inestimable colaboración de los artesanos de ese rincón de Francia donde les gusta hacer bien las cosas, a decir de los interioristas. El trabajo «a cuatro manos» no pierde así su verdadera esencia: la pasión.



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