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Madrid

Entramos en la casa de Darío Barrio

El cocinero Darío Barrio y su esposa, Itziar Ortega, eligieron para vivir un piso centenario en una zona noble de Madrid. ¿Ventajas? Unas plantas más abajo está su reconocido restaurante, Dassa Bassa.

Nuevo Estilo 28/06/2013
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Darío Barrio nos recibe en pantalones cortos y zapatillas, y es que acaba de volver de su puntual carrera matinal por el cercano parque del Retiro. El pulmón de Madrid está a escasas zancadas de su casa y de su restaurante, Dassa Bassa, porque para el cocinero del freestyle cooking «es un lujazo trabajar en hostelería, tener turno partido y poder bañar a mis hijos o llevarlos al cole en bici cada mañana». Esta ubicación privilegiada, unida a la luminosidad del piso, una vivienda antigua con terraza, «fue decisiva a la hora de elegir la casa para vivir». Nos lo explica mientras trocea unas verduras con la precisión que dan más de veinte años de experiencia frente a los fogones. Forjó su carrera en Suiza, Estados Unidos, Francia y Reino Unido. De vuelta a España, reforzó su aprendizaje junto a Adrià y Subijana para pasar cuatro años como jefe de sala con Pedro Larumbe antes de abrir restaurante propio.

The New York Times, The Washington Post y Travel & Leisure tienen a Dassa Bassa en su lista de restaurantes recomendados y factores como su cocina de mercado, su precisión en el punto de cocción y el saber mezclar vanguardia y clasicismo catapultaron a Barrio a la fama en televisión con el programa Todos contra el chef, de Cuatro. «Prefiero la palabra cocinero, chef la dejo para mis maestros, aunque mis colaboradores me llamen jefe», comenta. Uno de ellos es su propia esposa, Itziar Ortega, sumiller, jefa de sala y gestora, con quien forma un buen tándem.

Con Itziar comparte también un hogar donde aplica la misma filosofía que en la carta del restaurante: «Me gusta la sencillez y huyo del recargamiento. Entiendo que la casa es para vivirla y resulta fundamental que sea funcional. Además, soy una persona práctica, y amante del orden y de los espacios vacíos». Para Darío, el diseño es importante, pero es de los que quieren sentarse en un sofá y sentirse «en la gloria bendita». Como buen profesional, proyectó su cocina, que es abierta al salón «porque es un sitio donde disfrutar de tus invitados desde el aperitivo hasta la sobremesa». Como sus fieles clientes hacen en Dassa Bassa.



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