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Sevilla, España

Un loft del siglo XIX

Esta casa sevillana del s. XIX esconde buenas historias: la de los hermanos Bécquer, que aquí residieron, o la más reciente de su etapa como estudio de arquitectura. Vivencias que encaminaron a Amaro Sánchez de Moya a convertir el espacio en un loft lleno de sorpresas.

Gema Marcos 09/01/2017
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Las singularidades de este edificio abundan. Se trata de una casa del s. XIX, seguramente una de las primeras construcciones que se realizaron en Sevilla con estructura metálica. En ella vivió el poeta romántico Gustavo Adolfo Bécquer, acogido durante un tiempo por su hermano Valeriano, el pintor. Y aquí estuvo un estudio de arquitectura que le dio el aspecto industrial que aún mantiene. «Cuando la vi –cuenta el decorador Amaro Sánchez de Moya–, me dejé llevar por el halo mitómano de los Bécquer y me enamoré de la altura de los techos, ¡4,60 m nada menos!, y de las proporciones del lugar».

El proyecto de interiorismo que ha realizado consistió en adaptar el espacio a sus nuevas funciones como vivienda y diseñar las estancias que faltaban –cocina, baños, vestidor–, pero sin perder su esencia. Además, «se dulcificó su estética para eliminar el aire de oficina con elementos como las jambas de las ventanas o el listelo que recorre algunas paredes». La planta principal, o baja, que es toda abierta a excepción del aseo, la cocina y el vestíbulo, cuenta con doble altura y disfruta de una intensa luz natural gracias a dos enormes ventanales. Bajo el nivel superior se ideó una encantadora zona de lectura y descanso con biblioteca hecha de obra. Al dormitorio, al que se accede por una escalera de hierro y madera de sicomoro, se le dio cierta independencia con su ubicación en el altillo, sobre una plataforma metálica volada. Además, en este nivel se localiza el baño principal y un vestidor a modo de pasarela con una barandilla de hierro que asoma también al salón.

En cuanto a la decoración, se impuso un estilo clásico, sin recargar, con escasas piezas pero todas ellas de enorme valor estético e histórico. Los muebles que pueblan el loft se disponen sobre todo por el perímetro para crear cierto desahogo y ceder protagonismo a la arquitectura industrial. A su vez, «esto permite moverlos con cierta libertad y desorden sin afectar a la sensación de armonía», recalca el interiorista.



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