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Una casa reformada por Lars Hermansen

Esta casa danesa se integra hoy en su entorno a través de secciones de cristal que sustituyen a los originales muros de ladrillo. Una ejemplar labor arquitectónicay la idea de sus dueños, seguidores de la filosofía feng shui, lo han hecho posible.

Nuevo Estilo 21/08/2013
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Junto a un acantilado, en el espléndido marco natural de la región de Oresund, en Dinamarca, se levanta esta villa, abierta de par en par a un horizonte azul a través de cristaleras que se suceden a lo largo de sus fachadas. Pero su concepción arquitectónica no fue siempre así. Por increíble que parezca, esta construcción se presentaba como un cuerpo de ladrillo que albergaba un interior apagado y melancólico: pavimentos oscuros, techos bajos, una carpintería gris y estancias de escasas dimensiones con huecos pequeños por los que se atisbaban pequeñas muestras del paisaje. Y a pesar de ello, Winnie y Eigil Molsgaard, sus actuales propietarios, se atrevieron a dejar su antigua residencia, una obra de Arne Jacobsen, por ella. Su ubicación era única y les atraía el proceso creativo que conllevan siempre las reformas complejas, una aventura que ya habían experimentado en otras ocasiones. Además, la distribución original que había planteado el arquitecto, Bertel Udsen, en los sesenta, en varios niveles para salvar el accidentado terreno, ofrecía grandes posibilidades.

La reconstrucción, que duró dos años y medio, fue encargada a Lars Hermansen y su estudio de arquitectura. Un proceso en el que dueños y profesionales intercambiaron ideas como “un juego de ping-pong”.
A la vivienda se accede por el nivel intermedio, destinado únicamente al salón. Se trata de una superficie diáfana que integra varias zonas de estar, localizadas todas ellas junto a los grandes ventanales. Para marcar la frontera entre este espacio y el comedor, el pavimento de este último fue elevado unos centímetros. En este nivel alto se localiza además la cocina, donde apenas se realizaron cambios. Desde aquí, unas escaleras nos conducen a otras dos superficies inferiores en las que se distribuyen dormitorios, baños y varias salas.

Además de las grandes cristaleras que sustituyeron a los antiguos muros de ladrillo, se escogieron nuevos acabados y revestimientos en tonos muy claros con el fin de ganar luminosidad. Así, la mayor parte de los solados se vistieron con grandes losetas de mármol travertino, un material pétreo que presenta un color claro muy similar al de la pintura brillante que baña paredes y techos. En definitiva, un escenario muy relajante, sin contrastes cromáticos ni elementos estructurales que pudieran interrumpir la visibilidad. Un interior por donde fluyen las estancias con libertad.

Y es que los dueños siguen el Feng Shui, teoría milenaria oriental que practican como un arte de vivir. Así, apostaron por zonas casi vacías para lograr líneas puras de energía. Los muebles de cuerpos escuetos y con escasa altura, realizados en materiales brillantes como el acero o el cristal, o cálidos como la madera o el mimbre, se han dispuesto de una forma muy ordenada.

Con todas estas actuaciones, la vivienda se muestra ligera, generadora de luz propia y en permanente contacto visual con las fuerzas que provienen del entorno natural y del jardín, un espacio en el que los elementos que lo componen se presentan también con un orden meticuloso: en los extremos para mantener despejado el centro y en grupos de número impar para prevenir la circulación de energías negativas.



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