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Madrid, España

Una casa con vena artística

El equilibrio perfecto entre un continente exquisito y un contenido de gran autenticidad. Esta es la esencia de la vivienda en Madrid de la diseñadora e interiorista Inés Benavides, un territorio donde las obras de arte encuentran su espacio y se suceden escenarios singulares.

Realización: Mercedes Ruiz-Mateos. Texto: Mónica García. Fotos: Pablo Sarabia 12/06/2017
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La residencia de Inés Benavides destila esa cualidad única que posee la belleza sencilla. Un espacio surgido del mundo interior de la diseñadora, de su manera de entender la arquitectura, el arte y la decoración, herencia en gran parte de la familia a la que pertenece, con grandes inquietudes artísticas.

Construida a finales de los años 20 en una zona céntrica, la casa ha sufrido varias reformas a lo largo del tiempo. La última y más profunda es la que la dueña acometió hace 15 años junto al arquitecto Jaime Benavides. En el transcurso de aquella rehabilitación integral, que fue casi una construcción completa, el edificio quedó totalmente vacío, como un cascarón despojado de todo lo que contenía; tan solo perduró la fachada. En aquel momento se distribuyeron los interiores y se les dotó de la personalidad que hoy muestran.

En su decoración actual, la huella de Inés Benavides se deja sentir en cada rincón: en los ambientes diáfanos, acotados por los muebles diseñados por ella, capaces de lograr la armonía entre lo funcional y lo cálido sin perder un ápice de su personalísimo estilo; o en el lienzo en blanco de las paredes, perfecto hilo conductor que subraya el protagonismo de pinturas y esculturas, los verdaderos pilares de la vivienda. Es el arte el que confiere una marca diferencial a los espacios, además de llenarlos de emoción y de mucho color: «La idea era hacer una casa natural y sin pretensiones, pero a la vez elegante. También era importante que fuera alegre y fresca». Para lograrlo, la interiorista ha apostado por mezclas atrevidas en las que conviven piezas vintage y de anticuario con las suyas propias. El resultado es un cóctel refinado y divertido... ¡que enamora sin remedio!



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