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Ibiza, España

Un refugio con espacios que hablan de naturalidad

Siempre que puede, la interiorista Virginia Nieto escapa a su refugio de Ibiza. Rodeada de campo, disfruta reuniendo a su extenso clan en esta casa que ha reformado inspirándose en la filosofía triple R: reducir, reutilizar, reciclar.

Míriam Alcaire 19/09/2018
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La interiorista Virginia Nieto no quería un chalé, deseaba una casa familiar que reflejase el verdadero espíritu de Ibiza, una parcela de tierra para enraizarse en la isla, y hallar la magia y sensualidad mediterráneas que la enamoraron hace años. Después de una búsqueda larga, encontró una finca en medio del campo con vistas al mar y una pequeña construcción payesa. De inmediato supo que ese rincón sería el mejor catalizador de energía imaginable: «El terreno tenía muchos árboles, que no tocamos. La vivienda y la piscina se hicieron alrededor de los mismos, por eso parece que la casa hubiera estado allí desde siempre, que fuera una edificación antigua», nos cuenta. Siguiendo sus deseos, el arquitecto Alberto Gómez Noguerales ejecutó un proyecto respetuoso con las fórmulas tradicionales. Un edificio de estructura ligeramente piramidal, con muros de cal, porches de cañizo y sin aristas: todas las paredes están redondeadas y no llevan rodapiés.

Un gran hallazgo fueron las puertas verdes del salón, adquiridas, como otros elementos, en una tienda de derribos ibicenca: sin jambas ni bisagras, se cuelgan a la antigua usanza, y son elemento destacado del interior. De hecho, «primero fueron las puertas y luego lo demás», remarca la interiorista.
La decoración es totalmente acorde con esa filosofía integrativa y sostenible, y la reutilización, moneda de cambio. La mayoría de las piezas se han encontrado en anticuarios y mercadillos de todo el mundo. De El Rastro, en Madrid; Portobello, en Londres; y Las Pulgas parisinas proceden objetos, textiles y muebles, varios de ellos restaurados después por el equipo especializado de Bubare. También hay muchos elementos que la propia dueña ha diseñado, como la vitrina-fresquera de la cocina, que no solo conserva la fruta, sino que también es un mueble expositor. Otros los ha transformado para darles nuevo uso. Por ejemplo, las sillas retapizadas del comedor, que acompañan a una mesa que fuera mostrador de bar en su día.
Las originales lámparas colgantes de fibras naturales, los espejos del baño, los apliques e, incluso, las sombrillas de la piscina han sido hechos de forma artesanal por un espartero de la provincia de Almería.

En cuanto a la paleta cromática, los interiores no pueden ser más antiestrés. Tonos blanco y arena en las paredes y suelos de microcemento ponen fondo a un contenido salpicado de pinceladas estimulantes en auxiliares y textiles. Dicho pantone llena los espacios de limpieza, de luz... de un buen rollo que Virginia quiere transmitir a los que pasan por su hogar ibicenco. Porque además de ser el mejor lugar de desconexión para cargar pilas y reunirse con la familia, este refugio balear es un destino obligado para sus muchos invitados: «Me encanta recibir, tener la casa llena de gente y hacer fiestas de todo tipo, desde la clásica Adlib, en la que vamos vestidos de blanco, hasta un concurso de paellas». Abierta, hospitalaria y divertida, estas tres cualidades definen la esencia de la isla y la casa es su fiel reflejo: ni más ni menos, lo que se llama sinergia.

IDEAS DEL PROYECTO: VIRGINIA NIETO www.virginianieto.es

Estilo payés actualizado. El modo constructivo autóctono y la integración en el entorno han guiado el proyecto arquitectónico, que reproduce una casa de campo tradicional en clave estética contemporánea.

El valor de lo hecho a mano. La manufactura artesanal forma parte del ADN de la vivienda. Un gran número de piezas son diseño de la interiorista y se hicieron ex profeso, otras se reciclaron, y muchas se adquirieron en brocantes y mercadillos de todo el mundo.

Realización: Beatriz Aparicio. Fotos: Pablo Sarabia 



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