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La casa escultura

El arquitecto Joaquín Torres, director del estudio A-cero, ha concebido su vivienda en Madrid como una obra de arte. Sinuosos volúmenes de hormigón se superponen en varias alturas para formar una construcción en la que el agua juega un papel clave.

Nuevo Estilo 21/08/2013
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La Finca es una urbanización cercana a Madrid cuya zona de los lagos lleva el sello A-cero: todas las casas que se construyen aquí las proyecta este estudio. Viviendas de arquitectura contemporánea entre las que surge, como un modelo perfecto, la residencia de Joaquín Torres, responsable de A-cero.

La casa es una construcción que impacta por su fuerza visual y su planteamiento conceptual: tres niveles que descienden por el terreno en pendiente y toman cuerpo en volúmenes de contundentes formas. La planta baja o sótano actúa como base, una gran peana sobre la que se elevan las restantes alturas como si fueran esculturas. Los materiales y colores resaltan este juego arquitectónico: mientras que la base está revestida con porcelánico cerámico blanco, los elementos superiores se han realizado en un hormigón teñido de gris oscuro que acentúa el contraste. El encofrado, además, se ha llevado a cabo de forma artesanal creando surcos que enriquecen la textura de este sobrio material. Joaquín Torres utilizó asimismo los volúmenes superiores para dar verticalidad a la casa, ya que estos sobresalen desde la acera de entrada por encima de la cubierta, que queda a ras de suelo. Y aquí entra en juego otra de las claves de la construcción: el agua. El arquitecto cubrió el tejado con este elemento, lo que convierte la zona en un bello estanque y funciona como aislante acústico y térmico. A partir de aquí, la presencia del agua se hace constante: en la piscina, en caminos, en estanques laterales... «El terreno está rodeado por lagos y deseaba que la casa fuera una prolongación natural de ellos», comenta. El paisaje funciona entonces como un elemento arquitectónico más al que se rinde la construcción, con el cristal como aliado en forma de grandes puertas y cristaleras de vidrio que conectan los espacios con el exterior.

El interior es, por tanto, un espacio luminoso, con una distribución muy estructurada. La planta de entrada aglutina las zonas de uso común, a las que da paso un gran vestíbulo. En este nivel se halla también el dormitorio principal, con vestidor, cuarto de baño, gimnasio y una piscina cubierta. El resto de habitaciones se ubican en la planta sótano y la última altura la ocupa una sala de estar con rincón de trabajo que desemboca en una galería-biblioteca.

Todos los espacios están amueblados con elementos que ha diseñado el propio estudio, que se alternan con clásicos del diseño, antigüedades y obras de arte. Las piezas destacan en un marco de colores neutros —blanco, gris y negro— con una iluminación indirecta muy estudiada, que realza los objetos sin hacerse evidente. En cuanto a los revestimientos, suponen una continuación del exterior —el hormigón cubre las paredes de los volúmenes superiores, cuyo pavimento porcelánico desciende hasta la planta sótano para inundar suelos y muros— y las formas de muchos de los elementos interiores son también una prolongación de los volúmenes externos: trazos sinuosos y suaves con un punto orgánico. «El arte es una constante en nuestros proyectos, pero en este he querido evolucionar formalmente. Hasta ahora nuestras líneas era más cubistas y prismáticas. Nos inspirábamos en Chillida. Ahora miramos hacia Richard Serra, en quien la curva y los elementos puntuales son más importantes».



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