desplegar menu NuevoEstilo
Buscador
mostrar/ocultar

Sevilla, España

La casa del escultor Fernando Oriol

Nos adentramos en el universo del escultor Fernando Oriol, maestro del hierro. Un refugio donde el tiempo parece correr a otro ritmo, donde el orden y el arte se conjugan.

Itziar Ochoa 02/07/2018
Imprimir
Pantalla completa



Al contrario que el común de los mortales, Fernando Oriol, escultor prolífico, nos confiesa que «para descansar, tengo que dejar el campo, donde se encuentra mi taller, e irme a la ciudad». Después de admirar cómo nacen sus obras en una impoluta nave abovedada, nos muestra su otro refugio. Afincado desde hace tres años en uno de los chalés ajardinados del elegante barrio de Heliópolis, al sur de Sevilla, que fue proyectado para acoger a técnicos y visitantes de la Exposición Iberoamericana de 1929, el artista internacional se toma un respiro antes de su próxima exposición.

¿Por qué elegiste precisamente esta vivienda?
Aunque la disfruto muy poco, porque estoy todo el día en el taller, quería una casa con mucha luz y diáfana, donde hubiera espacio para mis esculturas. Algunas de las piezas en hierro son muy grandes y pueden pesar más de 800 kilos.

¿Cómo comenzaste a recrear la naturaleza?
Soy creativo y autodidacta como artista, siempre he ido a mi aire.  Hace doce años, a mi vuelta a Sevilla, creé mi propia marca. Mi hermana Blanca quería una palmera pequeñita y me preguntó si yo podría realizarla en acero. Se la hice y a partir de ahí se corrió la voz y empecé una carrera “por encargo” que ha ido a más y a más.  Mi trabajo es completamente manual: yo fundo, dibujo a pulso sobre la chapa y corto a mano. Todo lo que hago son obras únicas.

¿Eres indulgente o maniático?
Soy maniático en el taller, me gusta tenerlo todo ordenado y limpio. Y muy exigente y perfeccionista. Hay obras en las que he trabajado durante dos o tres años.

Tienes fama de ser reservado y celoso de tu intimidad...
El tema de las exposiciones, de las entrevistas, toda la parte social...  se me hace un mundo. ¿Puedes creer que yo al principio esculpía las piezas y no ponía mi nombre? Solo quería verlas hechas. Pero mis clientes me insistían en que las firmara. He expuesto en Zúrich, Capri, Miami, Sotogrande, Sevilla, Madrid..., aunque mis mayores lujos, mis verdaderos anhelos, son poder disfrutar de mis hijos, Marta y Javier, en compañía de Sylvia, trabajar en lo que me gusta y vivir donde vivo.

¿Y a quién te gustaría tener por vecino?
Toda mi vida he estado rodeado de plantas y flores porque mi madre era la dueña de Búcaro Sevilla, empresa que dirige ahora mi hermana Blanca, Chitina, así que la elijo a ella como vecina: me tendría la casa siempre florida.

¿Cuál es el último regalo que has recibido?
Un cachorro de labrador que se llama Fo, ¡no hay quien pueda con él!

Realización: Mercedes Ruiz-Mateos. Fotos: Pablo Sarabia



Ver más articulos