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El espacio articulado en la vivienda proyectada por Allen Bianchi

Formas cúbicas, estética industrial y un interiorismo que rompe su sobriedad con ráfagas de color. Es uno de los últimos proyectos del arquitecto Allen Bianchi, una construcción en Houston que incluye vivienda, casa de invitados y un estudio.

Nuevo Estilo 21/08/2013
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En un cruce de la calle Stratford, en Houston, emerge una de las más recientes creaciones del conocido arquitecto Allen Bianchi, una casa que, en medio del ya característico eclecticismo de la capital tejana, donde viejas construcciones restauradas conviven junto a modernos desarrollos de apartamentos, se ha convertido en un nuevo referente arquitectónico.

Con este proyecto, Bianchi vuelve a transformar exigencias y necesidades que se presentan complejas en soluciones que resultan simples y serenas.

El objetivo era crear espacios arquitectónicos puros que permitieran, además, hacer realidad el deseo del propietario, un joven mexicano: capturar las vistas panorámicas sobre la ciudad de Houston en un refugio urbano con un estanque-piscina, casa de invitados, garaje y jardines. La tarea no fue fácil, pero las ideas de arquitecto y dueño no podían estar más en sintonía: «Desde un primer momento confié plenamente en la creatividad de Allen, en su larga experiencia, e inmediatamente comenzamos la aventura».

Bianchi logró crear, sobre una parcela de 500 m2, una casa del mismo tamaño. Otros 500 m2 distribuidos al milímetro. Los espacios habitables ocupan 350 m2 repartidos en dos cuerpos, el que alberga la vivienda principal y otro más pequeño que da cabida a un apartamento de invitados y un estudio. Ambos edificios se conectan por 100 m2 de áreas exteriores de circulación. Un garaje abierto y las zonas de almacenaje ocupan los restantes 50 m2.

La casa ofrece una curiosa mezcla, con la estructura de acero en un exterior en el que prima el equilibrio entre el recubrimiento metálico, el estuco y el empleo exhaustivo del vidrio. Simplicidad, luz y espacios abiertos crean interiores minimalistas que fluyen hacia el exterior, con pavimentos que se manifiestan sin recortes ni molduras, y con materiales que, como el hormigón, la madera y la pizarra, introducen la naturaleza en el interior.

El color, muy presente en la vida cotidiana mexicana, se convierte en un potente recurso decorativo: algunos muros se pintaron en amarillo, rojo o azul para romper el imperio cromático del blanco-negro-gris que domina las estancias y crear un efectivo foco de atención y contraste.

Por su parte, los muebles, una pequeña colección de escogidas piezas de factura contemporánea, crean un telón de fondo que arropa la colección de obras de arte del propietario, trabajos de autores, en su mayoría, sudamericanos.

Un proyecto arquitectónico y de interiorismo que materializa la visión que tiene el cliente de la arquitectura como arte y que desarrolla el potencial de esta disciplina para elevar la calidad de vida.



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