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Houston, EE.UU.

Esta casa presume (también) de una gran vida interior

En pleno barrio del arte de la ciudad norteamericana de Houston, esta vivienda es un remanso de paz, ajena al bullicio que la rodea. Lo ha conseguido el arquitecto Allen Bianchi con un proyecto que repliega las estancias hacia el interior, y las dota de espacio y luz natural.

Nuevo Estilo 09/08/2018
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A pocos minutos del Museo de Bellas Artes, del de Arte Contemporáneo –con su jardín de esculturas de Noguchi– y de la colección Menil. Es el distrito más interesante de Houston para vivir». La propietaria de esta casa en la ciudad texana no niega su suerte cuando encontró la edificación, que en ese momento estaba en plena construcción. El arquitecto Allen Bianchi era el responsable del proyecto y desde el primer momento hubo química entre los dos: «Enseguida supe que nuestros puntos de vista encajarían», afirma Bianchi.

La vivienda es un volumen de 550 m² organizados en dos plantas, cuya característica principal define todos los trabajos del arquitecto americano: el cuidado de la luz y el espacio. «Dado que la casa se encuentra junto a una calle muy concurrida, había que protegerla del ruido y dotarla de privacidad. Lo que hice fue abrirla hacia su interior, con grandes ventanales que comunican las estancias con la piscina, y crear unos muros esculturales de hormigón que la aislaran». En cuanto a los materiales, Bianchi se decantó por los simples y naturales –cemento, nogal, mármol, mampostería–, «que unifican los espacios y potencian aún más la luz».

La distribución de los ambientes sugiere, por su parte, una vivienda muy cómoda, pensada para que las estancias sean amplias y luminosas. En la planta baja, una gran superficie diáfana acoge el salón y el comedor, que se abre a través de dos vanos hacia la zona de cocina y office, y hacia un rincón para ver la televisión. Una despensa, una bodega y un aseo completan este piso, pavimentado enteramente con un suelo de microcemento que le da homogeneidad. En la primera planta se concentran los dormitorios de la familia, cuatro, todos ellos con vestidor y cuarto de baño, y un estudio.

La tercera persona que entró en escena en el proyecto fue la interiorista texana Barbara Hill. «Yo conocía algunos de sus trabajos y su estilo contemporáneo –afirma la dueña–. Cuando compré la casa, no dudé en llamarla y solicitar su ayuda». Las dos mujeres realizaron un atractivo trabajo de interiorismo en el que combinaron mobiliario de diseño moderno –se pueden ver clásicos del siglo XX y piezas de algunas de las mejores firmas del diseño internacional– con muebles vintage que refuerzan el carácter coetáneo de la casa. Para algunos espacios, el mobiliario se encargó a medida.

La ubicación de la casa en el distrito de los museos de la ciudad no podía quedarse en un mero dato y los propietarios han reunido un pequeño conjunto de obras de arte repartidas por las estancias. Una de sus piezas favoritas es una silla-escultura realizada con maletas antiguas por un artista de Minneapolis, que se puede ver en las escaleras de la entrada.

Se nota que a los moradores de esta casa les gusta vivir en ella: «Todos la adoramos. Aunque es muy blanca y moderna, resulta confortable y nos sentimos a gusto y cómodos. Siempre tenemos a amigos o familiares invitados. Y gracias a la luz y su orientación es como vivir fuera, pero con una absoluta intimidad».



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