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Una casa con interiorismo de Pablo Paniagua

El interiorista Pablo Paniagua redefinió la estética de este piso madrileño con una nueva y rotunda propuesta, basada en materiales nobles vestidos de blanco. Un marco ideal para muebles de excepción y las obras de arte procedentes de la galería Guillermo de Osma.

Nuevo Estilo 24/01/2014
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Cuando los proyectos parten de profesionales con ideas claras y bien planteadas, sin duda el resultado tiende a perfecto. Es lo que ocurrió en este piso madrileño –perteneciente a un edificio de los años setenta–, donde el estudio de Pablo Paniagua decidió renovar el total de los acabados, así como la distribución, para redefinir su estética y también las formas de uso de la vivienda. Un trabajo de reforma integral e interiorismo cuyos principales objetivos fueron «potenciar la luminosidad y crear un nuevo lenguaje de simple rotundidad arquitectónica», nos explica el interiorista. Para ello, el estudio planteó una caja de líneas rectas, muy limpia y desnuda de ornamentación, con el blanco como hilo conductor para dar sentido y unidad a toda la casa: suelos de roble lacado, al igual que la carpintería interior, paredes y techos estucados, y pintura brillante para la cocina y los baños.

Sin duda, resultaba el marco perfecto para combinar objetos y muebles de estilos distintos, muchos de ellos diseñados ex profeso por el estudio del interiorista. También hubo cabida para el colorido en tapicerías y detalles decorativos. Este sutil juego cromático fue precisamente el que dio vida y energía a las estancias, junto con la sobresaliente lista de obras de arte que se eligieron atendiendo a los gustos del dueño, «pues los cuadros y esculturas debe ser entendidos por quien va a convivir con ellos», explica Pablo Paniagua. Él buscó obras con una emoción calmada y en una gama de tonos que se complementaban muy bien con el aspecto de la casa.

Para este cometido artístico, el interiorista contó con la ayuda de Guillermo de Osma, de cuya galería provienen las piezas de artistas del siglo XX: «Las obras que escogieron son muy concretas, de tendencias y momentos históricos diferentes, pero todas ellas sin estridencias. Complementan bien con la arquitectura minimalista de la casa y parece como si hubieran estado allí toda la vida», comenta el galerista. Sin duda, por tamaño e impacto visual, el cuadro de Francisco Sobrino colgado en el salón resultó un gran acierto. «Fue un auténtico flechazo, amor a primera vista», recuerda Pablo Paniagua.




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